A la víctima no se le cuestiona: hermana, yo te creo

Protestas en España contra "La Manada" por la violación a una mujer. Fotografía de VICE España.

Violación. Abuso. Acoso. Estas palabras se repiten una y otra vez. Crimen tras crimen. Una mujer es violada por cinco hombres. Una bebé es abusada sexualmente y muere producto de ello. Una mujer es vejada en el Metro de Santiago. Una niña es perseguida por un auto camino a su casa. Una joven es acosada por su profesor en la universidad.

Esta última semana hemos sido testigo de los delitos sexuales más crudos ocurridos en Chile. Cuando estábamos asimilando lo que le sucedió a la pequeña Ámbar, un balde frío nos hiela nuevamente la sangre tras enterarnos del cobarde ataque de un grupo de hombres, que abusó sexualmente a una joven de 28 años, emulando el brutal ataque cometido por “La Manada” en España.

Y lo más triste es que estos dos casos que utilizo de ejemplo, son solo los más trágicos que hemos conocido y que los medios han viralizado. Pero, ¿qué pasa con todas esas niñas, jóvenes y mujeres que sufren en silencio? ¿Qué pasa con aquellas que por miedo o vergüenza no denuncian y las carcome su rabia, pena e impotencia?

Hoy es momento de decir basta. Hoy es momento de hacer valer la corta y dolorosa vida de Ámbar. Honrar la existencia de todas aquellas que han sido violentadas y cuestionadas al denunciar. Porque ya basta de cuestionar y juzgar a las mujeres por su vestimenta, su estilo de vida o sus intereses. Aquí solo hay una verdad y es que la cultura de la violación hoy está sobrepasando todos los límites.

En promedio, 13 niñas, jóvenes o mujeres son violadas a diario en Chile. La cantidad de abusos sexuales ascienden a más de 30 cada día. Estas cifras dejan en evidencia la realidad del ser mujer en este país. El miedo, muchas veces inherente, que experimentamos al caminar por las calles, sea de día o de noche; los resguardos que tenemos que tomar en lugares públicos para no ser acosadas; la incertidumbre de saber si volveremos a casa o no.

Hoy el llamado es a creer en aquellas que se atreven a denunciar. Aquellas que logran vencer el miedo y el cuestionamiento del que sabemos que podemos ser víctimas. Ese miedo de que nos responsabilicen por los actos de otra persona, que nos castiguen por caminar solas de noche o vestir una falda corta. Por todo aquello es que hoy debemos gritar más fuerte que nunca: “Hermana, yo te creo”.

Francisca Rusque es estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. 


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