A la vuelta de la esquina: cuando algo nos pasa en las narices y no nos damos cuenta

A la vuelta de la esquina. Javier Burbano

Primero que nada y antes que todo —como dice un difunto mexicano de enredada labia— mi intención no es defender a nadie, no es lo que me motiva abrir el computador y ponerme a escribir estas líneas. Es más bien, tratar de evidenciar algo que está ahí, en nuestras narices —aunque creemos que nos las sabemos todas— y no nos damos cuenta. ­

Estas últimas semanas, el país en general, y los medios de comunicación en particular, han hecho caldo de cultivo con respecto a la demanda de la ciudadana Bachelet a un semanario (no lo nombro para no hacer publicidad gratis, y no se molesten los amigos de La Coyuntura).

El holding, donde pertenece esta revista, es uno de lo más poderosas del país. Cuenta con el cuarto banco con mayores utilidades del rubro, posee prácticamente la mitad de la torta multimedial de Chile, donde el Estado lo ha ayudado a enriquecerse (con el avisaje Estatal) desde la vuelta a la democracia. Ha copado una serie de páginas, foros de discusión, y cuanto portal exista, por una acusación de censura.

Y es que en estas situaciones hay que tener mucho cuidado, sobre cuando uno no es muy hábil para leer entre líneas. Si usted piensa que la Presidenta atenta contra la libre expresión —al juicio de este humilde redactor— déjeme decirle que  ¡está equivocado!

Demandar a un medio, cuando se tiene certeza de la mala intención de su actuar —por lo menos la convicción—, y ese discurso atenta contra la honra de una persona, es una de las cuestiones elementales al momento de hablar de libertad de expresión.

Porque lamentablemente la libertad de expresión —sobre todo para algunos sectores que les gusta predicar con esto—, no se trata de disparar, tener una fuente “confiable”, y dañar a quien se le ocurra. Donde muchas veces hay algún tipo de rencilla (INFÓRMESE DEL CASO SBIF-CORPBANCA), que termina con lo que hemos podido leer por la prensa —y escuchar a tantos cabezas pensantes de derecha— en las últimas semanas.  

Pero eso es lo macro: peces gordos, intencionalidad, sesgo. ¿Acaso eso no le pasa al común y corriente? Puede que sí. Y es que cuando un medio sensacionalista, sea cual sea su precio, tipo de papel, infraestructura, seguirá siendo sensacionalista al final del día.

El caso de Pía Pérez, viene a reflejar eso mismo. Cuando a un medio lo único lo que le importa es figurar, lo fácil, lo cuñero, pasan cosas como éstas. Claro está, hay que guardar las proporciones entre ambos casos, pero aun así existe un símil entre ambos hechos: dañar (producto de lo fácil y no darle muchas vueltas al asunto) la imagen de una persona.

El actuar de los medios de comunicación (del duopolio), nos pasó rozando como estudiantes de la Usach, y no nos dimos cuenta. Nos quedamos con lo anecdótico, con la “estupidez de una persona” y como me afecta su tontería. Cuidado, no caiga en lo que caen los “top comentaristas” de Emol. Por último, piense, deténgase un minuto, recuerde lo aprendido en el aula, y recuerde la teoría, que al parecer usted la está llevando muy bien a la práctica.

Columna de opinión escrita por Matías Berríos, estudiante de cuarto año de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile.


Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Coyuntura.

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