Bob Dylan, Nobel de Literatura: “Like a Nobel Stone”

Bob Dylan, uno de las mayores representantes del folk a nivel mundial, fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura 2016. Fotografía de Reuters.

Ocurrió la mañana de este jueves, durante la madrugada sueca. La Real Academia de Suecia informó al mundo que el Premio Nobel de Literatura fue entregado al galardonado de este 2016 por “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana”. Simplemente, y sorpresivamente, Bob Dylan.

Aquel Nobel que ha sido entregado, y olvidado también —Borges, Cortázar, Kafka o Joyce podrían decirlo— a ilustres, talentosas y sensibles manos que han formado gran parte de la biblioteca universal durante el último siglo. Los bengalíes versos de Tagore, la humana narrativa de Hemingway, la realidad y humor en lo gris de la Gran Depresión de Steinbeck, el ideario de Sartre, las letras con sangre latinoamericana de García Márquez y nuestros Pablo Neruda y Gabriela Mistral, o la irreverente dramaturgia de, coincidentemente fallecido este día, Darío Fo.

El año pasado, la academia ya había un salto notable al reconocer a la periodista bielorrusa Svetlana Alexijevich, precisamente, por su trabajo periodístico, área que por más de 110 años no había abordado directamente: considerar al periodismo como literatura, como un potencial camino literario. Hoy, otra inédita curva, más radical, ha decidido tomar el comité a cargo del legado del químico sueco. Tomar la ruta de la música.

Esta ruta no está fuera del camino. La música es literatura también. Componer y expresar con notas musicales sentimientos, ideas, amores, tragedias, luces y sombras es un acto que no por no estar per se editadas en un libro, se escapan del espectro literario. De hecho, la forma más antigua de narrar historias antes de las librerías, antes de pasar un libro de mano en mano, antes de hojear cuentos o siquiera plasmar con tinta una historia para la posteridad, era cantando esas ideas, como en la Antigua Grecia, varios miles de años atrás.

Dylan, el primer estadounidense en ganar el Nobel de Literatura en más de dos décadas, es representante de una de las aristas más destacables de su pueblo: el sentido de las artes, sobre todo musicales y visuales, como un ente transformador e influyente en el entorno. El cantautor, de 75 años, ha ocupado su talento y su noción de la importancia de las letras como la más pacífica arma contra las armas violentas, una forma de manifestación frente a los grandes conflictos sociales que han recorrido las venas de los Estados Unidos durante los últimos 54 años, los años de su carrera. Su lucha contra la sangrienta Guerra de Vietnam o los derechos civiles, son ejemplo de su noción de héroe: “quien entiende la responsabilidad que conlleva la libertad”.

El de las últimas horas es un Nobel de palabras acompañadas con acordes de guitarra y sones de armónica, rock ’n’ roll, folk y country blues en su sangre. Es un Nobel no de las privilegiadas, muchas veces excluyentes, estanterías alejadas del mundo terrenal, sino que una literatura privilegiada que incluye a todos y que invita a este mundo terrenal a ascender desde su contexto. Es un Nobel que desciende de la primera generación de la música contemporánea no sólo estadounidense, sino que ya universal, la de los cimientos de Chuck Berry, Buddy Holly y Little Richards, cuando el sonido comenzó a ser democrático al no conocer brechas entre lo blanco y lo negro.

Es un Nobel ganado de la pasión, del trasnoche, del traspaso de lo simbólico a lo físico, de la lucha de lo que se cree correcto, de la sinceridad, de la expresión de los sentimientos y las demandas que se toman como propias para representar a los que no pueden hacerlo, como todo literato que se digne de tal. Miembros de la Real Academia Sueca expresaron que el hombre de Blowing in the Wind, Like a Rolling Stone o The Times They Are A-Changin’, es probablemente el más grande poeta vivo… Bueno, no hay nada que diga lo contrario.


Columna de opinión escrita por Sebastián Miranda Berríos, estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. 

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