Burgos y el cansancio de la represión

El exministro del Interior, Jorge Burgos. Agencia Uno

Sin duda, la salida del ministro Burgos ha sido el tema destacado en la agenda política en la pasada jornada. Con más de una polémica, el otrora “hombre fuerte” del gobierno de Bachelet, no pasó desapercibido para nadie en lo que ha política se refiere.

Ya con los paños fríos, y una que otra columna y noticia un poco más masticada, ¿cómo interpretar a quién llenara a La Moneda de más polémica y tensión que de conciliación y acuerdos políticos?

Ciertamente, el tema no deja indiferente. Para muchos de nosotros, la figura del (ahora) exministro Burgos, dejará un legado como alguien que se distinguió por representar los intereses más fuertes del conservadurismo en la Nueva Mayoría. Más allá de su militancia en la Democracia Cristiana, que de por sí representaba un antecedente sobre el pensamiento que ostenta, tratar de escribir sobre quién se opusiera a gran parte de las reformas que siquiera intentara el gobierno, llena de una serie de sentimientos más de contrariedad que de afinidad, y esto, porque el exjefe de gabinete estará lejos de irse con “canasta limpia”.

Detrás de él dejará como legado las tratativas en pos de la “agenda corta antidelincuencia” que contará a su haber propuestas tan irrisorias como el control preventivo de identidad o la llamada “Ley mordaza”. Más allá de los destinos finales de este tipo de cosas, la intención fuerte de reprimir por medio de mecanismos legales a la ciudadanía sin duda da cuenta de una figura lejos del sentir mismo de un gobierno que se asume progresista.

Como futuros periodistas, es sin duda terrible el pensar acerca de cómo este tipo de figuras se nos enmarca como el deber ser de la política actual. La represión y el cerrojo informativo del que somos amenazados no sólo en la búsqueda de información, sino que más poderosamente, en el quehacer de nuestro trabajo, es sin duda muestra de una política comunicacional no sólo deficitaria, sino que contraria a todas luces del ejercicio propio del intentar entregar información clara, donde su principal adversario fue nada más que quién fuera el encargado de nuestra “seguridad”, poniendo como enemigos a quienes, lejos de aquella deleznable tarea, debiesen ser los periodistas.

Es en la misma línea que la continua crítica sostenida por Burgos hacia el avance de una nueva Constitución, por medio de una Asamblea Constituyente, da cuenta, una vez más, de cómo la “cocina” no sólo se pedía desde el Congreso, sino que también desde La Moneda, constituyendo y levantando a una clase política cada vez más lejana de un pueblo clamando democracia real. ¿Cómo es posible que quienes se llenaran la boca con la democracia fueran contrarios a uno de los sumos ejercicios de verdadera expresión política?

Todos quienes marchamos en las calles, pudimos sentir sin duda “la mano de Burgos”. Con una violencia marcada, la continua persecución, por el simple hecho de manifestarnos, dio cuenta del sello que dejó el renunciado ministro del Interior, y es que más allá de hacer el trabajo esperable para alguien de su cargo, la continua búsqueda de paz cosmética, estuvo caracterizada por una fuerza que marcó sin duda a más de algún compañero.

En resumen: hoy Burgos se fue. Sin embargo, dejó un legado poco orgulloso: como uno de los ministros más reaccionarios del último tiempo. Atrás deja la oposición a la constituyente, al avance en materia de reforma educacional, a la crítica a la reforma laboral pro-trabajadores, a la iniciativa de la agenda corta anti-delincuencia, a los palos en las calles, a la política anti progresista y a una represión que fue en algunos momentos incluso más fuerte que en un gobierno derechista.

Esperemos, sin embargo, que estas terribles iniciativas, se hayan ido también con él.

Columna de opinión escrita por Javier Fernández, vicepresidente del Centro de Estudiantes de Periodismo 2016.


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