Censura en democracia: ¿Nos tapan la boca y nos quedamos callados?

Chile hoy se encuentra en un escenario bastante complejo, porque se saben los casos de corrupción que han retumbado sostenidamente en la frase: “Nos están cagando a todos los chilenos”.

No sólo me refiero a los fraudes al fisco, SQM, fraude tributario, Caso Penta, Sebastián Dávalos -hijo de la presidenta Michelle Bachelet-, por tráfico de influencias para obtener financiamiento. Además, de los casos de colusión del papel higiénico, pollos, entre otros. Una ola consecutiva que ha visibilizado la calidad de nuestros políticos, ni la izquierda mucho menos la derecha se ha salvado.

El asunto radica en que frente a la ola de corrupción ha surgido el descontento ciudadano, lo que debería retumbar en organización social, para que nunca más nos vuelvan a ver la cara.

Sin embargo, al contrario de haber provocado organización, por último, un cierto arrepentimiento del circo de políticos que salieron desacreditados, aunque usted no lo crea se está legislando a favor de la censura, y en contra de la organización colectiva con la llamada Agenda Corta Antidelincuencia.

Más allá de la ley del control preventivo, ley que es nefasta para la organización colectiva y que nos debería tener preocupados o marchando en las calles, me referiré a la ley que afecta al derecho de información y a la libertad de expresión.

Respecto a lo que se dice en los medios de comunicación tradicionales, que la norma dejaría fuera a todos los periodistas, me parece que hay un claro doble discurso, en donde nuestra posibles fuentes serán las perjudicadas, y más allá de las fuentes, todas y todos los ciudadanos de Chile. Por defecto el trabajo periodístico.

Porque, ya no tendremos más jueces que quieran decir la información que aluda a políticos, o personajes importantes por el miedo a las multas/cárcel, finalmente al castigo.

Me parece que los políticos de Chile en vez de estar a favor de reivindicarse, nos quieren seguir viendo la cara, porque el poder que tiene la libertad de expresión y la ciudadanía es tremendo.

El poder de la libertad de expresión se manifiesta día a día en revelar lo oculto, denunciar injusticias, generar opiniones y eso se traduce en construir una sociedad más integra y digna, o por lo menos tratar de poner en la balanza lo que muchas veces está dispar. Actualmente en Chile se ha palpado la libertad de expresión en los movimientos sociales y el destape frente a la corrupción de empresas. Lo que ha puesto en la palestra el poder de hacer práctica la libertad de expresión.

Desde el plano de la ley, todas las personas tenemos derecho a emitir opiniones e informar, sin censura previa responsablemente. Ahora bien, más aun los que ejercemos la libertad de expresión como oficio: periodistas, fotógrafos y todos aquellos relacionados con el mundo de las comunicaciones.

Los que ejecutaremos o vamos a ejercer el periodismo debemos comprender que para que exista la democracia y ésta sea realizada en todo plano de la vida social, es necesaria la libertad de expresar, comunicar, denunciar y plasmar lo está ocurriendo en la contingencia.

Es por eso, que un país que apunte a la libertad de expresión será más democrático, por ende más justo. El ejercicio del derecho a la libertad de expresión incluye no ser perseguido ni discriminado a causa de las propias opiniones, buscar, recibir informaciones y difundirlas en cualquier medio, sin perjuicio de responder de los delitos y abusos que se comentan, en conformidad del Artículo 1º.- del Código Penal.

Es decir, todas las personas en particular periodistas y fotógrafos tenemos el derecho y deber de desmantelar y poner en la palestra los acontecimientos que afecten al país, o aquellos hechos que favorecerán la justicia social.

Es por eso, la indignación y preocupación por esta denunciada norma, que busca castigar a los tribunales de justicia con fines que favorecen a la clase dominante de nuestro país. Porque me parece que nuevamente nos están viendo la cara, mientras tanto retrocedemos en nuestros derechos, y nada ni nadie hace nada. No queremos volver a tiempos donde pensar distinto era un atentado consiente hacia nuestras vidas. Los vestigios de la dictadura siguen tocando fondo en nuestro país y no podemos aunque quieran poner la mordaza callar.-

Valeria Vargas es columnista de La Coyuntura, estudiante y Consejera Académica de la Escuela de Periodismo Usach.


Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Coyuntura.

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