De las derrotas a la oportunidad

Los estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile dijeron "no" al paro indefinido, con un 69% de las preferencias. Fotografía: Frente Fotográfico.

Durante estos días, las distintas carreras de nuestra universidad se han podido concitar en muchas asambleas y momentos, donde lograron discutir una serie de documentos y propuestas que permitirían saber en qué está la Usach, hacia dónde camina y cómo se está configurando en torno a la contingencia nacional.

Más allá de lo anecdótico de lo que ha sido este tiempo, donde miles de estudiantes pudieron manifestar una serie de pensamientos, sin duda lo que ha estado en boga (y probablemente seguirá haciéndolo) es el rechazo absoluto a la paralización en concordancia con el llamado de la Confech.

Lejos de querer detenerme en el mero hecho puntual (que algunos han usado vilmente a manera de argumentar sus nefastas posiciones en contra de la movilización), esto debe hacernos reflexionar a todas y todos sobre cómo se han dado las acciones políticas desde un tiempo a esta parte, el por qué de esta derrota y cómo caminar de aquí en más, en pos de las demandas históricas del movimiento estudiantil en un balance sobre la jornada recién pasada.

Ciertamente, para muchos de nosotros no fue grato. El vislumbrar la aplastante derrota de la que fuimos parte es una muestra cierta del severo desgaste en el que nos encontramos como estudiantes. El prolongado paro del año pasado, sin duda creo, es una de las causas del por qué se inclinara la balanza a favor del “No”. Pérdidas de ramos, atrasos y hasta en algunos casos expulsiones por reprobación, llenaron de miedo a un montón de compañeros que no titubearon en ningún momento para oponerse a la medida. En la misma línea, las serias dificultades que significaba el poder iniciar una movilización ad portas del cierre del semestre, no es algo que llenara de alegría a todos.

El desgaste que hacemos mención es, claramente, donde puede encontrarse una de las explicaciones más potentes de la negativa a la movilización. Lejos de un cuestionamiento de los “métodos históricos”, el rechazo es parte del cansancio de miles, a lo que significó una movilización prolongada de la cuál muchas/os no se sintieron parte. Pese a que creemos que esta “poca pertenencia” ciertamente no es verdadera, pasa por nosotras/os en ser capaces de hacer comprender a miles de compañeros y compañeras, cómo realmente es la movilización la que ha permitido conseguir varios puntos históricos, al menos en lo que organización y democratización se refiere.

Sobre esto, es que las/os que creemos en la movilización y todas sus expresiones debemos hacernos una autocrítica en cómo se dio el proceso en estos días. Creo fervientemente que esta autocrítica no radica en los pocos procesos de discusión, como estudiantes llevamos a lo menos 10 años luchando en las calles por un cambio en materia educacional, lo que nos ha permitido poder profundizar las demandas, las consignas y las acciones. Es, en este punto, que las críticas oportunistas al momento político que vivimos se hacen más deleznables por cuanto son éstas mismas que, ocultadas en el manto de “no es el momento”, rechazan todo el proceso llevado con anterioridad.

Es por lo anteriormente dicho, que culpar de esto únicamente al desgaste es sin duda erróneo. La poca confianza que se tuvo en muchas/os estudiantes sobre la capacidad de movilización en un momento como éste, sin duda también mermó en las capacidades de llevar a buen puerto la votación. ¿Realmente creímos que era la paralización el mejor mecanismo? ¿Nos la jugamos como podíamos con todas nuestras fuerzas? Creo que no.  Sin duda, la poca confianza de la que hacemos mención fue tierra fértil para que muchas/os pudieran darse el tiempo de cuestionar a viva voz como había que renovar los métodos y que la paralización ya no sirve para nada.

Contrario a lo que se puede (mal) interpretar antojadizamente, el continuo cuestionamiento a los métodos es siempre necesario. Sin embargo, me produce profundo rechazo la negación de los métodos históricos que como sujetos nos hemos dado en pos de conseguir un avance real. Hoy, muchas/os de las/os estudiantes que lograron la (mal llamada) “gratuidad” la consiguieron por años de lucha que obligaron al gobierno actual a poder avanzar en la materia. Hoy, es deber de nosotras/os poder tensionar lo suficiente en las calles para que la gratuidad no sea en modo de becas, sino que sea universal y como aportes directos a las casas de estudios, a la vez que también cuestionamos otros ámbitos de la vida estudiantil en todos sus niveles.

En concordancia con lo anterior, cabe sin duda la extrañeza al miedo generado en un montón de compañeras/os las elecciones que se verían truncadas ante una movilización. ¿Cómo es posible que, ante momentos que la contingencia nos demanda una acción efectiva, estemos más preocupados de cómo dar una disputa de conducción y no una que nos llame a todas/os en lo que para realmente sirve la organización?  Este es un punto que, me parece, debe ser discutido entre nosotras/os.

La elección de la conducción nunca debe ser negación de la lucha y, por el contrario, debe estar siempre supeditada a los momentos que debemos tener. Es cierto, nuestra federación se ha prolongado más de lo que cualquiera hubiera presupuestado (he aquí una crítica a las bases que no discutieron ciertas cosas a tiempo), pero en la misma línea, tampoco pueden ser nuestros discursos una propagación de cierta política temerosa y más deseosa de la “fiesta democrática” que de la política real.

Con lo anterior no apunto a tal cual orgánica, la crítica debe ser de las/os estudiantes en general, cómo estamos dando las discusiones y qué tan capaces somos de profundizar y concitar a la discusión más allá de la mera coyuntura de paralización.

Así en síntesis, la nefasta jornada sin duda nos debe hacer reflexionar sobre el por qué nos restamos de una movilización que nos interpelaba a la suma. Esto no radica en un “amarillo” o “ultrón”, sino en ser capaces de comprender los momentos históricos, dejar de demandar una estrategia a lo loco y ser capaces de dotarnos nosotras/os, organizados y políticamente de ésta.

Las condiciones nunca estarán todas, jamás se nos presentarán en bandeja, deben ser creadas, y la jornada pasada, estuvieron, y perdimos una oportunidad de hacer algo. Así que aquí en más, lejos de llorar por la leche derramada, debemos informarnos, discutir, empezar a usar conceptos correctamente y apuntando a generar un cambio, aprovechando esta transitoria derrota para con muchas más fuerza decir que no queremos este sistema, para que nunca más la Usach diga no a la movilización.

Columna de opinión escrita por Javier Fernández, vicepresidente del Centro de Estudiantes de Periodismo 2016.


Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Coyuntura.

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