Graffiti e intervenciones urbanas: cuando la calle habla

Mural realizado por INTI en metro Bellas Artes, Santiago. Fotografía rescatada de fdasepulveda.wordpress.com.

En las calles de Chile se manifiesta un fenómeno que ha venido tomando fuerza desde hace años. Las paredes grises y monótonas de la ciudad hoy se llenan de colores y talento que viene desde la calle, desde artistas silenciosos que trabajan para entregar vida a los ojos de las personas.

Sebastián Cuevas, más conocido como “Hasco” es arquitecto de profesión y un apasionado del graffiti. Ha dedicado toda su vida a sentir, practicar y difundir el graffiti, tanto así que fundó BOMB, la primera galería de graffiti y Street art en Chile y del primer tour del graffiti en Santiago. Este estilo de vida le ha entregado las herramientas para poder conocer sus límites y anhelos.  Empezó a pintar desde la adolescencia, hoy es más un teórico del tema. 

“Lo primero que hay que entender es cómo se categorizan las diferentes tipologías del graffiti en Chile. Para sintetizar lo que nosotros vemos son tres períodos: muralismo que viene de las brigadas políticas, graffiti neoyorquino y Street art. Cuando uno habla tiene que saber muy bien a qué se refiere, generalmente decir ‘graffiti’ se entiende por el graffiti americano”, sostiene.

Luego de recorrer por años las calles de diversas ciudades del mundo, reconoce que Santiago se ha convertido en una de las capitales del arte urbano, que es el fenómeno cultural, en términos visuales, más relevantes de los últimos 20 años.

“¿Por qué? Primero, porque ya se tiene una tradición de cultura en la calle con las brigadas políticas en los años 60. En segundo lugar, es una razón política social que llega a partir de los años 90 junto con el retorno a la democracia. Gran parte del graffiti surge en la periferia de Santiago, donde los jóvenes invisibilizados hasta ese momento, vieron en este una herramienta para decir yo estoy aquí, existo. Y por último tiene que ver más con la influencia que ha tenido Santiago desde otras capitales del mundo”, asegura.  

Un mundo mejor

Al sur de Santiago, en la comuna de San Joaquín vive Juanita Pérez (26), parvularia de profesión. Mientras pinta uno de sus graffitis, cuenta que se inició en este mundo hace 10 años. Desde pequeña le ha llamado la atención todo lo relacionado con el arte, recuerda que le gustaba hacer collages con recortes de revistas y pintar su pieza. A ratos deja de pintar y se aleja del muro para ver desde una mejor perspectiva como va quedando la combinación de colores.

Durante su adolescencia tuvo un pololo, conocido como “fisura” quien también pintaba y junto a él empezó a practicar. Con el tiempo empezaron a viajar y a conocer más personas dentro de este entorno.

“Llegó un momento en el que me di cuenta que esto era lo mío, porque me gustaba caleta la sensación, la interacción con el entorno, mejorar los espacios públicos y expresar mis ideas libremente”, confiesa.

Al poco tiempo empezó a ser reconocida, entre orgullosa y melancólica, asegura que nunca se había esperado tener tanta popularidad con sus graffitis. Mientras seguía abriéndose camino en este nuevo mundo, decidió empezar a estudiar educación parvularia, con el fin de ser profesora de artes para niños.

Hoy ya titulada, desde hace tres años y con un certificado académico en artes, se ha dedicado a realizar talleres para niños y mujeres. Después de un breve silencio, perdida entre los recuerdos y la concentración, cuenta:

“Mi pega es súper popular, siempre trato de ir a las poblaciones vulnerables en donde hay niños y mujeres que no están pasando un buen momento. Creo que el arte puede ayudar a sanar a las personas, además de mejorar los espacios públicos. Puede sonar súper utópico, pero siempre he creído en la posibilidad de crear un mundo mejor”.

Le ha tocado luchar contra los prejuicios que las personas tienen sobre su carrera y estilo de vida, además de la poca valoración que hoy se tiene respecto al arte. A medida que le da a su obra los últimos retoques, reconoce, que muchas veces la gente no dimensiona todo el trabajo que hay detrás de sus pinturas. Ha sido difícil, afirma, pero se puede.

Su visión respecto al graffiti ha cambiado, si bien antes para era más una especie de pasa tiempo, hoy lo ve desde una manera más profesional. En esto ha contribuido su especialización en el tema que le ha permitido poder sustentarse económicamente, todo esto sin dejar de lado el trabajo comunitario.

Desde una visión más crítica, acepta que siempre ha visto el graffiti como algo antisistémico, un símbolo de protesta. Este no es movimiento dócil, afirma, a pesar de no tener ningún trasfondo político, es totalmente revolucionario.

Movimiento femenino

Dentro de sus proyectos está seguir con el programa que creó junto a dos de sus amigas, Wendy Muñoz “Wend” y Joselyn Aracena “Anis”, las muchachitas pintoras, evento que engloba a mujeres que se dedican a intervenir en las calles de Chile. Su primera convocatoria tuvo lugar el pasado 8 de marzo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.

“Este evento nos permitió convocar a grandes artistas, nunca pensamos que iba a tener semejante convocatoria. Todo esto nos ha permitido unificar un poco el movimiento feminista de la pintura y también para crear un impacto en la sociedad”.

La motivación de las mujeres grafiteras en este movimiento es totalmente distinta a la de los hombres, en donde el ego y la popularidad pesan más. Rompen los estereotipos que salen por parte del machismo.

“Nosotras buscamos nobleza, hermandad, unión, compañerismo. Al final los muros son para nosotras una forma de sanación, porque están pasando muchas cosas en términos de vulneración a los derechos de las mujeres”, indica.

Minimalismo y el trazo delgado de Basco Vazko, en una mujer que parece enredada en un vestido negro. Piguán (Erwin López) y Guztok.

La misma visión que comparte al otro extremo de la ciudad, Isidora Rivas “Bisy”, quien se inició en el graffiti en el año 1997 pintando en las calles de Santiago y luego en 2006 motivada por el colectivo femenino “CrazysCrew” comienza a pintar grandes piezas y producciones.

En su vida el graffiti ha significado una herramienta de auto exploración y auto superación. Le ha dado la posibilidad de hacerse presente dentro de un espacio urbano que está fragmentado y limitado.

Entre paso y paso se arregla la mochila, en donde lleva todas sus pinturas y herramientas para realizar su obra, a medida que se acerca al lugar que tiene previsto para pintar, reflexiona: “El graffiti me ha dado la posibilidad de intervenir la ciudad, regalarle algo al entorno, marcar nuestra presencia y visibilizarnos, especialmente a nosotras las mujeres como movimiento. Además, el graffiti es una herramienta muy potente en la integración social”.

“Bisy” actualmente está trabajando a través del graffiti la gestión y ejecución de diferentes proyectos que tienen que ver con la recuperación territorial e inclusión social. A lo largo de su carrera ha demostrado que el graffiti es un arma efectiva para poder llegar a las comunidades y revitalizar a los territorios.

Yo elegí el graffiti

Leonardo Quinteros pertenece a la rama de los grafiteros espontáneos, cuando decide partir rumbo a crear un graffiti solo le basta tener un par de colores y elegir el lugar donde hacerlo. Cuenta que jamás ha pintado una de sus obras a partir de un “boceto”, suele dejarse llevar y disfrutar la noche. Todo se vive en el momento, es ahí donde decide que colores mezclar y que tipo de letras hará.

Esta libertad le permite crear obras distintas, y asegura que ninguno de sus graffitis se repite.

“Soy más Free Style, la única rutina que tengo es dibujar en mi cuaderno o croquera, lo primero que esté a mano, para seguir practicando y mejorando. Es necesario para evolucionar el estilo”.

La curiosidad de un pequeño Leonardo Quinteros de ocho años, lo llevó a indagar entre las cosas de su hermano mayor, quien es tatuador, encontrando unas revistas de tatuajes que les llegaban una vez a la semana. Semanalmente esperaba con ansias una nueva revista, hasta que un día llegó una llamada Hip Hop Nation. Aunque no tenían nada que ver con los tatuajes quedó fascinado, en especial con el final de la revista, la que concentraba una sección de graffitis. Esto sería el primer paso que daría hacia el mundo del graffiti, la motivación inicial.

Sin embargo, Quinteros tiene claro que cada ser humano es distinto, y por ende las motivaciones varían entre grafiteros.

“Hay que considerar que no todos hacen esto por los mismos motivos y no podría generalizar, ya que algunos quieren ser vándalos, otros artistas del graffiti, algunos lo hacen por hobby y otros por moda”.

Contó que, si existe un factor común entre los grafiteros, y es la fama, todos y cada uno de ellos quiere ser reconocido.

Cuando la pregunta que ronda en el aire es, ¿por qué hacen graffitis y por qué existe esta tendencia? El grafitero admite que le ha dado un par de vueltas al tema cada vez que recorre las calles cazando alguna muralla. Pero su conclusión siempre es la misma, no importa donde vaya, ni quién le pregunte, su respuesta siempre es:

“Lo hago porque es la esencia del ser humano, es querer expresarse de algún modo y yo elegí el graffiti. También existen otras motivaciones que me ha entregado el tiempo, como las amistades, o esa esencia de “leguaje universal” que tiene el graffiti. He pintado con gente de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Bolivia, México, Francia, etc. No es necesario hablar el idioma para comunicarte o compartir un muro. El graffiti es un mundo aparte donde no hay racismo, ni discriminación. No importa el sexo, ni la clase social, es como una hermandad en el mundo”.

Quinteros sube el entusiasmo cuando la entrevista gira hacia el significado del graffiti, sus pies se inquietan y una sonrisa bordea todo su rostro. Su lenguaje corporal deja ver que el tema le apasiona, y con un tono de comodidad comenta:

“El graffiti, como palabra tiene muchas definiciones, pero para mí, es libertad. Libertad de escribir o dibujar sin un contexto necesario, solo voy, dejo mi nombre y sigo. No es necesario un muro para hacerlo, puede ser en cualquier superficie. El graffiti es algo que tenemos por esencia los humanos, se demuestra en culturas milenarias, como las marcas en cavernas, sobre las rocas o en las pirámides”.

Sin embargo, rápidamente el tema pasó a vincularse con el vandalismo. El grafitero, se contuvo un momento, miró la mesa donde está sentado y juntó sus manos. Dijo que es un tema muy recurrente en este ambiente, y con firmeza contó:

Retrato de Pablo Neruda. Se puede encontrar en calle Constitución, a unos pasos de Dardignac, en un pequeño muro que mira hacia la calle Bellavista. Creado por Pixel Art.

“La gente lo ve de esa forma porque en esencia eso es. Es vandalismo, porque se hace en lugares no autorizados, en vehículos de transporte público, privados y siempre se relaciona con delito, condenados por alguna ley. Las personas lo estigmatizan sobre todo por los tags (marca o etiqueta propia del grafitero, rayado rápido) que se consideran actos vandálicos por dañar algo. Ellos dicen que son rayas que no dicen nada y se ven feas, no tienen sentido, es algo común que oímos”.

El carabinero, Juan Cabezas, quien patrullaba por Plaza de Armas, no tuvo problemas para responder las incógnitas que envuelven a la ley y el graffiti.

“Es bastante sencillo como delito, si se sorprende a alguien rayando algún lugar, público o privado, es detenido, pero no existe una pena de cárcel, ni siquiera se pasa por tribunales. Generalmente, lo hacemos para que el grafitero y el dueño del lugar afectado lleguen a un acuerdo, para que limpie o pinte el sector. Sin embargo, es distinto cuando se trata de un patrimonio cultural, de un monumento o un lugar histórico, ahí puede llegar a caer pena de cárcel. Pero, a mi parecer, esto es a raíz de un problema más profundo”.

Agrega que “el chileno suele desconocer sus propias leyes, y siempre se escuda en la típica frase: ‘Es que no sabía’. He compartido con gente extranjera que conoce las leyes mejor que un chileno, se da mucho con peruanos. Y no me sorprende, hace mucho que sacaron educación cívica de las escuelas, a eso voy, es esa la raíz del problema”.

Es la manera de salirse

Apitatán, agotado por un tedioso vuelo de cuatro horas, cruza la puerta con su maleta y saluda con pasividad. Completamente de negro, recurre a sentarse sobre un largo sofá-cama bajo la escalera, cuando Juanita Pérez se le acerca y le dice que ese es su cama. Entonces ríe, y con el carisma que lo caracterizaría toda la entrevista, dice: “Sí, ya lo presentía”.

Fue el primer paso de un agradable ambiente. El artista ecuatoriano, quien ha tenido la oportunidad de viajar por todo el mundo, aterrizó en tierras chilenas por primera vez, y la grafitera es quien lo recibiría.

“Llegar a acá a Santiago es impresionante, solo me vine del aeropuerto hasta acá y está plagado de graffitis. Y en todos los niveles, desde principiantes hasta gente muy avanzada. Me quedé sorprendido para bien”.

Apitatán comentó que desde pequeño le gustó el dibujo, aunque hubo un lapso donde lo cambió por el skate, y un estilo más grafitero, que no duró demasiado.

“Me di cuenta que no era bueno para hacer letras. Pero me encantaba el hecho de estar en las calles, la adrenalina, intervenirlas. Eso me quedó, y entre a estudiar artes, publicidad y fotografía, fue ahí donde conocí gente relacionadacon el graffiti y los murales”.

Cuenta que un puñado de ellos participaría en un festival de arte urbano, donde fue invitado y participó. Allí se enamoró de la técnica, a pesar de enfrentarse a un formato mucho más extenso de lo que estaba acostumbrado, tomar los pinceles y brochas fue algo que lo convenció. Desde entonces, lleva seis años pintando, según él es bastante poco, comparado con colegas suyos que llevan 12 o 15 años.

El artista ecuatoriano, mientras bebía con calma el agua que le habían servido, comenta acerca del gran problema que presenta la intervención urbana. Dice que hay gente que solo se limita a hacer tag, rayar su nombre, y en su opinión, lo siente como un poco vacío. Es el ego de la persona al final, es decir “estuve aquí” seguir caminando y “hey también pasé por acá”, pero no le dice nada. El compromiso que él plantea es el de poder decir algo, cambiar la imagen o cambiar el cotidiano de alguien.

Es un problema a nivel global, cuenta, y da por ejemplo su país, donde las autoridades están en constante alerta con el tema. En Ecuador, dice que dan multas muy altas lo que generó un ambiente efervescente. Finalmente se apagó bastante esto y se dejaron de ver grafiteros, muchos de ellos preferían hacer otras cosas, hacer un cuadro, o dedicarse a la ilustración.

Finalmente, el artista, relajado por el agradable clima chileno y por la comodidad que le proporcionaba el sillón donde estaba, se mostró agradecido frente al graffiti y hacia la intervención urbana en general. Cuenta que ha podido conocer a grandes amigos, ha visitado lugares preciosos, ha compartido experiencias y aprendido un montón, no solo en materia de arte, sino también como persona. Y agrega que:

“A la sociedad no le sirven los artistas, les sirven los doctores, los matemáticos, los científicos, pero los artistas no. Pero creo que el arte es algo que nos conecta con la esencia de la humanidad, que no es en función de la utilidad de las cosas, sino de la profundidad que tienen y de la sensibilidad. Para los ojos del sistema no es útil, y es hasta perjudicial, porque tenemos que estar con los ojos vendados, andando en fila todos hacia el mismo lugar. Ser artista es la manera de salirse, de romper con el sistema como acto revolucionario por el hecho de salir a pintar”.

Graffiti como cultura

El psicólogo y sociólogo de la Universidad Central de Chile, Javier Romero, desde una evaluación de esta situación y señala:

“Podemos ver que existe una especie de ‘choque’, entre el punto de vista legal, o sea lo que está dentro de los límites y el punto de vista artístico, que es mucho más subjetivo, es por esto que deben abrir los espacios de discusión para poder establecer el debate del graffiti como la una cultura, pero dejando de lado este marco legal”.


Reportaje realizado por María Martínez y Rodrigo Velásquez, estudiantes de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. 

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