Javier Rebolledo: “La primera vez que leí testimonios de torturados quedé en shock ante algo tan cruel”

El periodista de 39 años, luego de pasar por medios como The Clinic, La Nación y El Mostrador, finalmente encontró la libertad en sus libros revelando detalles de la dictadura hasta la actualidad.

¿Siempre quisiste estudiar periodismo?

“En algún momento pensé en medicina porque mi papá es doctor, entonces cuando chico me llevaba a ver las operaciones”.

¿Y te llamaba la atención?

“No mucho, prefería estudiar algo en lo que pudiese escribir sobre cine, porque siempre me gustó ver películas y la carrera que me servía era periodismo”.

¿Por qué el área de la investigación?

“En los primeros años de universidad no sabía qué quería, y una profesora nos empezó a contar que en España se había descubierto una red de prostitución. En ese momento me sentí totalmente desprotegido, pensé que debía hacer algo por equilibrar las cosas”.

¿Y tu interés por los derechos humanos?

“Un día entré a un centro del Sename, donde encontré cinco cédulas de identidad escondidas en un clóset antiguo perteneciente al mobiliario de la administración anterior. Descubrí que el hogar de menores donde estaba, había sido 3 y 4 álamos, el principal centro de detención de la DINA.

Esto me hizo cambiar el foco, agarré los nombres y pensé que podía ser el gran secreto de la DINA. Al investigar sólo uno había sido torturado, y me sentí desilusionado por perder mi noticia.

Era insensible frente a ese dolor. Conocía el tema de los derechos humanos pero desde una perspectiva de película de espías. Fue en 2005 cuando leí por primera vez testimonios de torturados y quedé en shock ante algo tan cruel, era un dolor sin límites. Aquí nacieron mis ganas de querer contar la verdad”.

¿Hay un límite para contar la verdad?

“Sí. Hay verdades que quizás se quieren guardar y lo respeto, a pesar de que mi límite es tratar de lograr lo máximo. Hay límites, el asunto es que uno tiene que estar en esa línea para ver si la pasa o no”.

La mitad de tu vida te has dedicado a investigar y escribir. ¿Qué pasa con la otra mitad?

“Tengo una pareja, ella tiene una hija. Me ha acompañado, terminando y volviendo constantemente, debido a los libros que es un tema duro de sobrellevar para ella y para mí. Pero ahora tenemos el proyecto de hacer una casa afuera de Santiago, me gustaría hacer algo para mí”.

¿El tiempo dedicado a tus investigaciones ha restado para tu familia?

“Sí, apenas veo a mi familia. Cuando escribo estoy encerrado, o investigando y cuando termino de hacer los libros estoy cansado y me aíslo”.

¿Te arrepientes?

“Fue algo que yo provoqué, debo hacerme responsable”.

Si tuvieras que elegir el medio que más te permitió desarrollarte, ¿cuál sería?

“La Nación. Fue donde realmente pude expandirme y plantearme distintos temas. Fue donde me transformé en un periodista”.

¿Guzmán o el gato Escalante?

“Qué difícil. Tendría que decir Guzmán como formador, como maestro; y el gato como amigo. Un amigo que me regaló la oportunidad de conocerlo”.

El inicio de todo fue el mocito, ¿mantienes el contacto?

“Muy a lo lejos, cada vez menos”.

¿Le tomaste cariño?

Sí, fue una mezcla, porque es un personaje con muchas caras. Por un lado fue vapuleado por la sociedad, le enseñaron que matar estaba bien, trastornando sus valores. Como niño sentí compasión por él y como adulto me es difícil no hacerle un juicio por las cosas que hizo. Jorgelino me marcó, porque nunca le encontré un ritmo, me mantuvo en el límite. Es una caja de sorpresas”.

Los detalles entregados en tus libros son fuertes de leer, ¿cómo fue escribirlos?

“Difícil. La primera vez es dura. Pero después cuando lo empiezas a trabajar estéticamente, tratando de encontrar las palabras precisas para lograr que el lector se conmueva es imposible que uno no lo haga también. Es difícil cumplir el rol de lector y escritor”.

Si fueras la ley, y tuvieras la última palabra, ¿Cómo juzgarías a cada uno de los que han salido intactos de todas las injusticias que cometieron?

“¡¿Si yo fuera la ley?! Creo que les aplicaría una pena proporcional al daño que causaron”.

¿Diente por diente?

No, pero creo que hay que ser duro y los condenaría toda una vida o por lo menos unos cien años en la cárcel”.

Javier Rebolledo / Ana María Kohn para La Coyuntura

¿Has sentido miedo?

“Sí. Cuando empecé involucrar personajes complicados, como en mi último libro (A la sombra de los cuervos) Eliodoro Matte, que es uno de los más poderosos de Chile, y le saqué todos sus trapitos al sol.

Pero de alguna manera el destino me ayuda, justo cuando tiré esto con todo, cae Matte producto de otro caso. Ahora noto que Eliodoro ya no me causa temor porque en lo que menos debe estar pensando es en mí.”

¿Fue sólo una coincidencia?

“Una buena coincidencia. Tengo mucha suerte. Ha habido una especie de sincronía y fortuna con los temas que he denunciado. Eso no quita que pienso que tal como yo los estoy investigando, ellos lo hacen conmigo y algún día podría llegar a tener un ‘accidente’ ”. (Ríe, lo toma con humor)

¿Crees que te podría pasar algo?

Prefiero no pensarlo, pero al analizarlo racionalmente sí podría. Le he hecho daño a mucha gente, y se lo merecen, pero más allá de lo que yo crea, lo concreto es que sí los he menoscabado. Tengo que hacerme responsable y pensar que al hacer daño a alguien es posible que estas personas algún día reaccionen”.

¿Te has quedado con las ganas de contar algo?

“En alguna ocasión me pasó en La Nación, me postergó algunos temas y no apareció toda la información que yo quería”.

¿Qué sentiste?

“Rabia, mucha frustración. Pero trabajé eso y luché. Finalmente, en mis libros encontré la forma de contar todo libremente, sin un editor o una línea política con intereses detrás que dijeran, usted no puede”.

¿Alguna vez tiraste la toalla?

“La tiré durante el 2010. Cuando salió elegido Piñera me retiré de La Nación”.

¿Te diste un respiro?

Me tomé un descanso. Estudié teatro, acordeón, pinté. Hice todas las cosas que no me había dado el permiso para hacer”.

Si fueras uno de tus libros ¿Qué le dirías a tu lector?

“¿Yo fuera un libro? Le diría Léeme (ríe). La verdad nunca me había puesto en esa posición, pero fundamentalmente le diría Léeme de principio a fin y forma tu opinión, pero no me abandones”.

¿Crees que tu trabajo te abrirá más puertas?

“Nunca me lo pregunto. De hecho, si lo pensara, es probable llegar a la conclusión que me cierren más puertas. Es difícil que un medio quiera contratarme sabiendo que pego para todos lados. Buscan gente un poco más obediente y desde ese punto de vista no soy muy atractivo”.

¿Chile es un país liderado por la fuerza del mal?

“Ni el bien ni el mal. Nos movemos entre luces y sombras. Porque las personas malas, tipo Eliodoro Matte, son personas que se inventan que están haciendo el bien y por su egoísmo no logran ver que hacen un mal”.

¿Necesita la sociedad chilena despertar?

“Sí. A través de educación, de reconocer sus miedos. La sociedad tiene que observar y a partir de eso construir algo distinto. Ahora Chile lo está viviendo”.

Tus libros ahora son parte de la historia, siendo un legado para cada generación. ¿Cómo te sientes al respecto?

“Me siento bien, cansado pero bien. Llegué con el último aliento, pero me hace feliz que lo que pensé no iba a suceder, que era encontrar esa conexión, finalmente sí sucedió. Ahora la gente puede hacer su propio proceso”.

¿Valió la pena?

“Totalmente”.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.