La diversificación de la disciplina, una tarea necesaria

NVI

El viernes pasado, asistimos al lanzamiento virtual de La Coyuntura. En este espacio, estudiantes, académicos, funcionarios e invitados pudimos darnos el lugar no sólo para celebrar el nacimiento con todas las de la ley de un nuevo medio, sino que también de intercambiar algunas ideas sobre el quehacer.

Es, en este sentido, que viene a la mente algunas cuestiones más que atinentes para tener presente no sólo sobre la práctica periodística, sino que también sobre lo coyuntural y lo que merece nuestra atención como futuros trabajadores de las comunicaciones: ¿Qué rol debemos jugar como tales ante los debates que se vienen prontamente sobre el devenir de nuestro país?

Podría ser un lugar común hablar sobre la labor del periodista crítico hoy en día. Si bien, siempre es necesario recalcarlo -sobre todo en la sociedad de mercado que nos aqueja-  sí es necesario sobrepasar el ámbito discursivo para poder reflexionar sobre la praxis que debe imperar en nuestra labor, cómo nos relacionamos con el medio y, en el mismo sentido, cómo somos capaces de proponer algo más allá de la simple reproducción de contenidos sobre la realidad.

Tal vez sea esto último lo que más llama la atención, por cuanto pareciera que es una práctica indiscutible el hecho del periodista como mero relator de hechos. Es sabido que nuestra escuela se caracteriza por contar con un ideario crítico sobre la “objetividad” de nuestra práctica, sin embargo, ¿cuándo superamos la misma y convertimos nuestro quehacer en la reflexión propositiva que la sociedad demanda ante los hechos ocurridos en el mundo entero?

Cuestiones sobre el devenir de la política, la estrategia de los movimientos sociales, el quehacer público, son espacios, hasta el momento, escasamente tocados por los periodistas de nuestros tiempos. Salvo uno que otro baluarte, la práctica periodística se ha caracterizado por axiomas de objetividad que parecen cada vez más lejano a la diversificación de una disciplina fuertemente conectada con el acontecer nacional.

Sin ir más lejos, la cercana discusión sobre los temas constituyentes, más allá de las cuestiones que puedan estar preparadas por asociaciones estudiantiles, están cada vez más lejos de las discusiones de pasillo que, en teoría, debería ser el ethos de personas que, supuestamente, están interesadas en la información y el acontecer nacional.

Pese a lo anterior, no quiero que se me confunda. No pretendo aquí apuntar con el dedo a las personas, ni menos despreciar a quienes, por uno u otro motivo, puedan encontrar intereses en distintas cosas de la vida moderna. Sin embargo, sí soy categórico que el problema estriba, principalmente, en la orientación de la disciplina actualmente. La poca conexión que estamos teniendo en el ámbito de la producción de conocimiento es algo que preocupa. Más allá de unos cuantos próceres en la materia que  producen libros, el fuerte en el ámbito teórico es casi nulo, dejando a otros espacios de las ciencias sociales copar investigaciones sobre la información que bien podría ser parte de nuestra práctica.

En el mismo sentido, las serias dificultades que nos encontramos en la academia, son parte importante de la coyuntura a nivel nacional. El poco tratamiento institucional a la labor informativa es componente de un entramado estatal que detiene las posibilidades de la diversificación de la disciplina: la ausencia de una ley de medios que impide que nuevas formas de hacer periodismo florezcan es parte de un sistema económico-social que imposibilita que seamos parte de un sector propositivo que, salvo un par de iniciativas, estamos en completa ausencia de éstas.

Este último tema -la ley de medios- es posiblemente una de las cuestiones más polémicas que ha ocupado a los activistas del periodismo ¿Cómo asegurar su existencia y aplicación ante un modelo que no cederá ante las pretensiones populares? Es sabido, que los avances en la materia han sido parte de las demandas de un sector social desde ya hace un tiempo, desde el cese abrupto que sufrieron las organizaciones comunicacionales a principios de los 90. Diferentes instituciones han sostenido que la solución para la materia es la disputa constitucional que, con todas las problemáticas, debe suscitarse en los próximos meses.

Pese a lo anterior, creo firmemente que el asegurar esto como único camino posible merece serias dudas. Con esto no quiero decir que el derrotero a una nueva carta magna sea contraproducente, muy por el contrario: la necesidad de una nueva institucionalidad es básico en la generación de condiciones de posibilidad para llegar, ojalá, a un nuevo sistema social.

Sin embargo, las construcciones ofrecidas desde el bloque dominante difícilmente posibilitarán la creación de ésta en los términos demandados por el pueblo desde hace varios años. Así, la disputa hoy, en las condiciones ofrecidas es, ciertamente, cuestionable cuando no estamos ni por cerca de discutir asambleas constituyentes en los términos emanados desde las organizaciones de base. 

En síntesis, la diversificación de la disciplina debe ser algo que debe ocupar nuestra atención hoy. El periodismo ha estado mucho tiempo encerrado en la cuestión técnica, alejándose de la teoría. Su construcción debe estar cercana a los estándares de profesionales que sean capaces de inmiscuirse en lo político más allá de la mera reproducción, sino que también desde la proposición, lejana a ámbitos de objetividad que, en mi opinión, nunca serán tales.

Su alcance será posible sólo en tanto podamos cambiar los órdenes institucionales que nos rigen actualmente y podamos, con esto, diversificar los ámbitos de la disciplina, a fin de poder generar no sólo la escasa oferta laboral que hoy cuentan sus trabajadores, sino que también posibilidad de ampliar el campo de acción y dejar de ser una disciplina técnica a una de índole más completa, como toda aquella que aspire a relacionarse con las ciencias sociales.

Columna de opinión escrita por Javier Fernández, vicepresidente del Centro de Estudiantes de Periodismo 2016


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