¡A la FIFA señor Warnken!

Pokémon Go. Fotografía de Reuters.

Aers, contextualicemos un poco. El jueves pasado, Cristián Warnken publicó una columna en El Mercurio titulada “Homo pokemon”, publicación que llegó a modo de discusión a un grupo de amigos en Telegram. Si aún no la has leído, te invito a que lo hagas pulsando aquí, para que tengas tu opinión al respecto y así puedas contrastar con la mía, total, esa es la gracia de esto ¿no?

Como techie y futuro periodista especializado en el medio, no puedo abstenerme a opinar sobre lo que ya dejó de ser un simple jueguito, transformándose en un verdadero fenómeno social digno de estudiar.

Comparto con Warnken la idea de la excesiva sedentarización de una generación, mi generación, cuya gran parte vive pegada a una pantalla, encerrados en sus piezas jugando, ociando, etc. y hay motivos para sentirnos culpables. Sí, debo admitir que fui [o soy (?)] de esas personas sedentarias que se la pasaban en casa jugando en su consola o en el PC, pero eso no quita que no quiera salir con amigos o visitar nuevos lugares donde pasarla bien.

Quizá lo que muchos opinantes no han considerado, es que la infancia, nuestros recuerdos, son elementos muy potentes para nuestra mente, y la mayoría de los jugadores de Pokémon Go, ¡son de los 90! ¡Crecimos con Pokémon! Todos queríamos ser Ash Ketchum y tener amigos como Misty y Brock, para poder salir y recorrer el mundo atrapando estas fantásticas criaturas. Admitámoslo, ser maestro Pokémon fue el sueño de muchos, y hoy gracias al juego se está realizando.

Pokémon Go ha permitido no solo hacer realidad nuestro sueño de niños, sino también conocer lugares, recorrer, incluso conocer nuevas caras que comparten un interés común. Sin ir más lejos he compartido más con mi hermano, hablando sobre el juego y los distintos pokémon que él y sus amigos han capturado ¿Es eso malo?

¿Acaso no es bonito recordar aquellos momentos de niñez donde no teníamos obligaciones, donde nuestra única preocupación era ser felices? ¿Nos convierte en zombies juntarnos con nuestros amigos a conversar y cazar los pokémon que tanto deseamos cuando pequeños? El fenómeno de los zombies que Warnken menciona viene desde mucho antes, de hecho, mucho antes que saliera el juego, los espacios públicos ya estaban ocupados por personas con la cabeza gacha, mirando el teléfono, ya sea en WhatsApp, Facebook, YouTube, etc.

Están culpando a Pokémon Go de un delito que no cometió y más que centrarse en culpables, debemos buscar la raíz del problema ¿No será que nos faltan momentos de relajo por culpa de un sistema excesivamente estresante? ¿No irá por ahí la cosa?

No hay duda que estamos en una sociedad virtualizada, quizá en exceso, pero todo va “para allá” y más que un problema, debemos verlo como un desafío: ser capaces de autoimponernos una barrera, un límite, donde puedan convivir el face to face, la realidad como tal, y lo virtual, en caso contrario, seguiremos llorando por las mismas yayitas del mundo moderno una y otra vez.

Por favor, no metan a todos los jugadores dentro de un mismo saco, porque la clave es tener control sobre los excesos. Los accidentes pasan y muchos han culpado a Pokémon Go de causarlos. Pero el juego no tiene la culpa, porque los que se supone que tienen una mente pensante somos nosotros ¿cierto? sentido común pls.

[email protected] y los no tanto, ¡Pokémon Go es solo un juego! no nos ahoguemos en un vaso con agua, porque hay miles de otros temas por los que si debemos llorar, como las pensiones, las deudas, la corrupción, etc. y no por un jueguito que apela a la nostalgia de muchos jóvenes alrededor del mundo.

Además, todo lo que sube tiene que bajar. El éxito de Pokémon Go no puede ser eterno (¿o si?) y lo más probable es que las hordas de zombies no se acaben cuando el juego deje de ser el fenómeno que es.

Columna de opinión escrita por Marcial Cabezas, estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. 


Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Coyuntura.

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