La rigurosidad del periodismo investigativo en Chilevisión

En la mira, programa de investigación de Chilevisión.

Este lunes de 18 de julio, el programa “En la mira” de Chilevisión reveló una importante mafia dentro del negocio nocturno de las calles de Santiago y Valparaíso. Los “after”, locales que abren de manera ilegal posterior a la hora de cierre de todos los bares, eran el blanco del reportaje. Mostrar cómo dueños de locales nocturnos abrían de igual forma sus puertas para hacer “fiestas privadas” a las cuales cualquiera que pagara la entrada podía pasar. Bueno, cualquiera que pagara y que conociera o haya llegado “dateado”, ya que en estos lugares, según el reportaje, eran narcotraficantes y delincuentes quienes llegaban al consumo de drogas y alcohol.

Cabe destacar que el reportaje fue un aporte para algunos vecinos. Estos, ante las cámaras de Chilevisión, pudieron dar a conocer una realidad muy sabida por todos quienes amamos la noche santiaguina y más aún, porteña, sin embargo, la falta de rigurosidad periodística hace que como estudiantes de la profesión y futuros colegas nos hagamos preguntas. Una de ellas va dirigida hacia el objetivo del mismo reportaje.

Y es que ante la falta de periodismo investigativo dentro de la concentración de medios, programas como Informe Especial (TVN), Contacto (Canal13) o el señalado programa En la mira, son un aporte, en cierta medida, a un periodismo que se reduce a presentadores de noticias y animadores de tv. Cabe entonces preguntarse si estos programas son una pobre, pero digna, resistencia ante una línea editorial preocupada más de entretener o, peor aún, son el único espacio, no que va quedando, sino más bien que el mismo medio otorga para el tratamiento de éste.

Si pensamos que el periodismo es la principal profesión encargada de la tarea de informar a la gente bajo lo que sería “de interés público y publicable”, nos encontraríamos con varios programas que podríamos desechar de la etiqueta “periodístico”. Todo esto puede tener mucha proximidad sin ser de interés público, o todo puede ser de interés púbico pero de la manera trata imposible de publicar. Lo que quiero decir, es que si nos basamos en la rigurosidad periodística, debemos mantener al menos los pilares que rigen la labor primordial del periodismo.

Se debe informar bajo la lógica de la verdad por la verdad, pues la objetividad ya se fue en retirada. No existe objetividad, sin embargo, existen criterios que hacen que nos aproximemos una visión propia de la realidad. Esta visión propia será nuestra propia interpretación a partir de la interpretación que pudo dar el periodista en su trabajo. Esto se debe lograr: primero, con pluralidad de fuentes vivas (entrevistados); segundo, con una pluralidad y rigurosidad en la investigación de fuentes documentales; tercero, con el espacio para cada una de estas, es decir, estas son LAS principales herramientas para la confección de mi trabajo, por ende, deben tener las líneas (si es diario) o el tiempo en vivo necesario (si es TV o radio) para poder fundamentar sus visiones.

El reportaje, como sub género del periodismo interpretativo, necesita tener calidad y tratamiento de fuentes, la interpretación fundamentada del periodista y posterior a ello, la interpretación del espectador irá en función de un trabajo bien hecho.

¿Por qué todas las pruebas, fuentes y detalles que ligaban a un candidato a concejal con los “after” eran publicaciones de Facebook? ¿Es que no había más ligaciones a los dueños de “after” que su perfil personal y etiquetas? ¿Cuál es la intención del reportaje, cuando se muestran más de cinco minutos de violencia en su duración, pero solo cuatro segundos a dos visiones del porqué de esa violencia?

Así es. El reportaje de aproximadamente una hora y media, enfatizó en imágenes explicitas de violencia. Recordó (como siempre hace Chilevisión) otras ocasiones de violencia que NO venían al caso. Finalmente uno se pregunta ¿cuál es el objetivo del reportaje? El reportaje que trataría de la violencia de los “after”, se deriva en ocasiones a riñas, en ilegalidad de los dueños, en tráfico de drogas y termina ligándolo a un candidato a concejal por RN que sería un importante socio de un “after” donde prolifera la cocaína en el puerto de Valparaíso. Es decir, termina con un hecho de ilegalidad política.

A esto se le suma el montaje final. De manera anecdótica y caricaturesca, con dos imágenes que hasta los últimos dos minutos de cierre no aparecieron: La pobre intervención de dos diputados, Daniel Farcas (PPD) y Claudia Nogueira (UDI), hablando menos de quince segundos (entre los dos) sobre propuestas de qué hacer frente a los “after”. Y la otra es la conclusión del periodista quien dice que: “lo único que queda es confiar en los vecinos para cuidar su entorno, siempre cuando puedan dormir”, mientras se muestra con música pintoresca a los vecinos haciéndose cargo y gente ocupando la plaza el descanso que en TODO el reportaje se había mostrado como una zona conflictiva. Ahora, resulta que de día era una plaza cultural, donde (me consta) se hacen eventos artísticos sin fines de lucro y de iniciativa popular.

El reportaje recurre siempre a la fuente de Omar Jara, exgobernador democratacristiano casi como un amigo más que una ex autoridad a quien interpelar. Después de este, son los vecinos, videos de violencia y uno que otro dueño de “after” quien sale como protagonista del tercer capítulo de esta nueva temporada de “En la mira”.

Todo parece suponer un show más de Chilevisión. Claro, este con algunos “tintes” periodísticos, pero que en ningún modo pareciese ser ese el objetivo. Las consecuencias fueron mínimas. Los “after” siguen, los políticos no fueron emplazados y carabineros no fue interpelado ante la poca operatividad. No hay ninguna crítica a eso, pero sí muchas imágenes de violencia, lo que deriva en otra consecuencia, ahora más dirigida a la sensación del televidente: la sensación de victimización, la inseguridad y el miedo.

La única y muy pobre repercusión política fue que Luis Alberto Jeria no irá como concejero por Valparaíso, y que en Radio Bío Bío, el presidente regional de RN, Carlos Gómez, expresara que “si no es por el reportaje de Chilevisión no nos podríamos haber enterado” y terminara con una curiosa cuña, revelando que “a Luis Alberto Jeria lo conozco hace 28 años, al menos, y nunca me imaginé lo que se vio, que en su local se traficara drogas, como se vio, que se infringiera la ley de alcoholes, entre otras cosas”.

¿No debió haber estado allí el foco del reportaje? Es decir, personalidades de RN, conocían hace más de veinte años a un sujeto que podría llevar décadas en el rubro. Entre ellas, como mostró el reportaje, el senador y precandidato presidencial de Renovación Nacional, Francisco Chahuán.

Curioso rol del periodismo en Chilevisión. Este no parece ser ese que nos entrega la pluralidad de visiones para poder estar informado y formarme una opinión. En vez de eso se exalta la realidad, mostrando violencia desmedida, y se hace frente a una fuente única, con dos opiniones que no suman más de quince segundos, que dejan sensación de inseguridad y que por tanto, abren el debate sobre el tratamiento de la delincuencia MÁS QUE el de la información. Se cae en la caricatura que esto debe resolverse con organización de los vecinos, no como una forma de autogestión y autodefensa organizativa, sino más bien por una resignación ante inoperancia política que el reportaje no supo ni quiso ahondar.  


Daniel Ramírez es estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. Además, es secretario general del Centro de Estudiantes de Periodismo del plantel. 

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