La Usach y Carabineros

Incidentes en el frontis de la universidad. Fotografía de Braulio Urrutia.

La última vez que Carabineros ingresó a la Universidad de Santiago después de una manifestación fue el 2015. Ese año fue testigo de una de las movilizaciones más masivas, que tuvo su foco en demandas como la democratización de los espacios de participación estudiantil, y que mantuvo a algunas carreras paralizadas por casi seis meses.

Si bien los organizadores de las marchas buscan que las instancias sean pacíficas, casi siempre terminan con incidentes. La mayoría inician en Plaza Baquedano y finalizan en Metro República, con actos culturales. Sin embargo, es lamentable constatar cómo estas protestas culminan en el frontis de la Usach y que, por culpa de pequeños grupos de manifestantes, toda la comunidad estudiantil se ve perjudicada.

Si no existieran desmanes, no habría necesidad de la intervención de Carabineros. Incluso, la figura de Fuerzas Especiales desapareció a inicios de semestre en contraste con la continua presencia de carros policiales en los últimos años.

La marcha “Chile ya decidió” del pasado jueves terminó con detenidos, un joven atropellado por Carabineros y con el ingreso de policías a la universidad con autorización del rector, Juan Manuel Zolezzi. El plantel es un espacio para los estudiantes y la comunidad en general, pero su cuidado es responsabilidad de cada uno de los que dan vida a la universidad. Lamentablemente, no se puede controlar el ingreso de terceros que, algunos con intenciones negativas, realizan desórdenes y obligan el actuar de la fuerza policial.

No obstante, Carabineros responde con violencia desmedida y afectando a víctimas inocentes. Bajo estas circunstancias, solo queda atribuir responsabilidades compartidas. Es incomprensible que la universidad se convierta en una trinchera de la violencia, ya que solo termina con algunos estudiantes detenidos sin justificación y, además, golpeados.

Por otro lado, el ingreso de policías -que en estos contextos actúan con fuerza irracional-  es responsabilidad del rector Zolezzi.

Todos estos actos de violencia no contribuyen en nada a reivindicar las demandas estudiantiles y solo posicionan el nombre de la “Usach” como un sinónimo de desórdenes y disturbios, cuando la gran mayoría de la comunidad busca rescatar los orígenes de la universidad para mantener el histórico rol del plantel en las luchas sociales.