Lo que está en juego este 2017 en la Usach

La democracia es un valor fundamental en el desarrollo de cualquier comunidad, al menos este ha sido el paradigma dominante en Occidente. En lo que respecta a la educación, siempre ha existido una pugna de si los espacios educativos deben ser un espacio democrático o uno más bien jerarquizado en función de los “méritos académicos”.

En lo personal creo que la democracia es la base de funcionamiento de nuestra sociedad y por extensión de las comunidades insertas en ella. No es tarea de esta columna definir cuál, cuándo ni cómo se constituye una real democracia, no obstante, sí podemos declarar que en nuestras comunidades universitarias se encuentran exentas del ejercicio de la gobernanza y decisiones los estudiantes y funcionarios.

Por ende, existen grandes grupos de la comunidad que se ven privados del ejercicio de la democracia al interior de sus universidades, ya que la democracia se ha planteado como un premio para quienes lo merecen en función de su calidad de académico y lo que es peor aún, de su tipo de contrato, en vez de un valor fundamental transversal a toda la comunidad. Democracia entre académicos, exclusión de la democracia para estudiantes y funcionarios, ¿podemos denominar democrático un sistema en el cual solo un estamento tiene derecho a jugar el “juego de la democracia” y el resto de los estamentos somos simples espectadores?

Nuestra Universidad, otrora Universidad Técnica del Estado, contaba con sus estatutos propios establecidos en libertad y de manera participativa por toda la comunidad universitaria promulgados en 1971. Dicho estatuto consideraba la participación triestamental en la elección de autoridades unipersonales (Rector, Decanos, Directores) en porcentajes 65% (académicos), 25% (estudiantes) y 10% (funcionarios), establecía una participación significativa de estudiantes y funcionarios en los diversos cuerpos colegiados y contaba con instancias de dignidad universitaria como lo son el claustro universitario, que representaba la máxima instancia de resolución universitaria. Menciono estos puntos con el objetivo de hacer referencia a temas que hoy son el centro de la discusión en el proceso de actualización de nuestro Estatuto Orgánico 2008, en otra instancia podremos analizar en detalle elementos de este y otras normativas.

“En nuestras comunidades universitarias se encuentran exentas del ejercicio de la gobernanza y decisiones los estudiantes y funcionarios”. 

JUAN PABLO DE LA TORRE MORALES. CONSEJERO ACADÉMICO DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO.

El estatuto de 1971 fue borrado en conjunto a la UTE en el año 1981, en el contexto de la dictadura militar encabezada por Pinochet y reemplazado por el DFL 149, del cual solo mencionaremos que otorga potestades al Rector similares a las de un Comandante en el Ejército.

Como botón de muestra de su profundo contenido antidemocrático, el DFL consigna como motivo de expulsión de la Universidad, que los estudiantes se reúnan fuera del horario de clases, el uso de panfletos y otro sin fin de medidas que lógicamente constituyen un estatuto dictatorial como el DFL 149.

Luego que, en 2008 de la mano de un Zolezzi con dos años en el cargo, se construyeran los Estatutos Orgánicos que superarían el oscuro manto de la dictadura, que en más de 15 años rectores anteriores no habían sido capaces de superar. Luego del plebiscito 2008 comenzó la larga travesía y espera porque este estatuto fuera ley y rigiera formalmente nuestra Universidad, para ello debía ser aprobado en el Congreso, dicha cosa nunca ocurrió y finalmente fueron retirados del Parlamento en el año 2015.

Si bien hay diversas lecturas del retiro del proyecto en el Congreso y el rol que los gremios y la Feusach jugaron en aquel momento, lo cierto es que quedamos varados nuevamente con el DFL 149 y también es cierto que el Estatuto Orgánico 2008 no es el referente democrático que funcionarios y estudiantes aspiramos a construir. Me detengo en este punto, ya que lo que se busca actualizar hoy del Estatuto Orgánico del 2008 son justamente votos que se perdieron debido a la eliminación de los votos de los estudiantes al no alcanzar el quorum (irrisorio de nueve mil estudiantes) que se estableció en dicho proceso. Si en dicha instancia se hubiera considerado el 25% de los estudiantes, posiblemente habría ganado la opción más progresista, que consideraba participación triestamental en elecciones de autoridades unipersonales, un claustro universitario con mayores potestades y mayor participación de estudiantes y funcionarios en sus cuerpos colegiados.

La relevancia del Consejo de este miércoles 31 de mayo, donde buscaremos que la Rectoría y el Consejo Académico retrocedan en su intento de aplazar el plebiscito hasta seis meses dictadas las normas comunes, es mantener la dignidad estudiantil en torno al acuerdo Feusach-Rectoría firmado luego de largos meses de movilización y el sacrificio de miles de compañeras y compañeros que, motivados en la firme convicción de una universidad más democrática, estuvimos dispuestos a suspender nuestros procesos de aprendizaje.

El proceso debe iniciar este año, y la comunidad debe hacer todo lo posible para que este año lleguemos a las urnas estudiantes, funcionarios y académicos y así constituir el plebiscito 2017, donde se votarán justamente puntos como lo son la elección de autoridades unipersonales de manera triestamental, los porcentajes en que lo haríamos en caso de ganar el sí. Otro de los votos que representa un avance desconocido para la mayoría de las Facultades de nuestra Universidad, es la elección de los porcentajes de composición por estamento de los cuerpos colegiados de nuestra casa de estudios. La primera opción se presenta en porcentajes 65%-25%-10%, mientras que la segunda es 50%-30%-20%. En esta materia incluso el triunfo de la opción más moderada implicaría que por cada estudiante habría 2,6 académicos muy diferente a lo que ocurre hoy, donde incluso llegan a haber 19 académicos por cada estudiante.

Hasta ahora solo hemos hablado de democracia, como si esta solucionara todos los conflictos que nos aquejan a los sectores postergados de la comunidad universitaria. Si ganamos el plebiscito no se resolverán nuestros problemas de inmediato ni por arte de magia, sin embargo tendremos la posibilidad de ser reales actores en la construcción del destino de nuestra Universidad, de incidir realmente en nuestras mallas curriculares, fiscalizar los ingresos y gastos que se generan, participar en la elaboración de políticas de contratación de personal profesional y docente, como así también participar en la construcción de la cultura y valores que conforman nuestra universidad.

Lo que está en juego este 2017 en la Usach es la dignidad de nuestra comunidad universitaria, es la posibilidad de ser actores del destino de nuestra comunidad y no meros espectadores.

Columna de opinión escrita por Juan Pablo De la Torre Morales, Consejero Académico de la Universidad de Santiago de Chile. 


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