Marco Grimalt: los sueños de un gigante

Marco Grimalt. Fotografía de Oscar Garrido Aravena.

A pesar de que todavía es temprano, en Santiago la temperatura es alta. A un costado del Velódromo de Santiago, en el Parque Peñalolén, las dos canchas de arena reciben la única actividad del recinto a las diez de la mañana. Con lentes de sol polarizados, Marco Grimalt (27) pelea y discute cada punto del duelo que juega junto a su segundo entrenador Juan Arriagada. Al frente, los rivales son Juan Flores y su primo, Esteban Grimalt, el mismo con el que días antes ganó el oro en los Juegos Bolivarianos de Playa en Iquique.

“Fue una casualidad jugar juntos. En 2007 Esteban estaba de vacaciones conmigo en San Felipe porque su hermano estaba jugando una etapa del circuito nacional en Los Andes. Faltaba una dupla para completar el cuadro principal y como nosotros estábamos ahí mirando nos invitaron. Éramos cabros chicos, en la última fecha del campeonato”, recuerda Marco. Aquella vez tuvieron una destacada participación, incluso frente a duplas que llevaban años jugando. Al año siguiente decidieron entrar al circuito y fueron progresando de manera sorprendente.

Desde los años setenta, el apellido Grimalt es sinónimo de voleibol en Chile. No se faltaría a la verdad si se señala que es la familia más relevante en la historia del deporte, con un prestigio bien merecido.

Es en Linares donde padres, tíos, hijos y sobrinos, se sienten locales, a pesar de que Marco no es oriundo de la séptima región.

“Yo nací en Queilén, Chiloé, pero estuve solo dos años allá. Después nos fuimos a Melipilla donde mi papá comenzó un emprendimiento y al tiempo nos vinimos a Santiago cuando mi papá se tituló. Al final, terminamos en San Felipe, yo nunca he vivido en Linares, pero sí he representado a la ciudad jugando”.

Fue a los once años cuando Marco Grimalt conoció el voleibol. En San Felipe, una ciudad tradicional del deporte, allí todos los colegios lo imparten y cuentan con buenos formadores. “Fue después de un zonal sur en Rancagua, donde fui a ver al hermano mayor de Esteban y a mi tío, ellos estaban jugando por la selección adulta y ahí fue donde me encantó el vóley como deporte. Después volví a San Felipe y lo comencé a practicar en el colegio”.

En 2010, la dupla de Marco y su primo Esteban, clasificaron a los Juegos Odesur de Medellín y lo hicieron en ambas categorías del voleibol, indoor y playa. Fue ahí donde los primos Grimalt debieron tomar, quizás, la decisión más importante de su carrera deportiva: pensar en cuál de las dos tenían más proyección. Se asesoraron con familiares y técnicos del medio y decidieron probar en la arena.

Fue una buena decisión. En Colombia consiguieron la medalla de bronce, lo que les permitió tener un entrenador estable y financiado por el Plan Olímpico. De ahí en más, continuaron sumando mejores resultados.

El mayor de los primos Grimalt intenta atacar ante Cristóbal Martínez. Fotografía de Oscar Garrido Aravena.

Las alegrías bolivarianas

En noviembre del 2012, los primos Grimalt debutaron en los Juegos Bolivarianos de Playa. Fue también la primera vez en que la competencia se disputaba en esa modalidad. En voleibol playa, los chilenos se colgaron al cuello la presea de oro.

Cuatro años después, y esta vez de local en Iquique, Marco y Esteban Grimalt repitieron la gloria en la tercera edición del certamen. “Las dos veces que hemos participado en los de playa, hemos conseguido el oro. Si bien no están los mejores de Sudamérica, tiene rivales fuertes como Venezuela, Colombia y Paraguay. Es un campeonato de nivel para nosotros y este año lo tomamos como cierre del ciclo 2016 y conseguimos el objetivo”, señala el oriundo de Chiloé.

Para Marco y Esteban, jugar en Chile siempre tiene una motivación diferente. A fines de junio de este año, ganaron la Continental Cup en la misma cancha donde hoy entrenan. Lejos de los países donde se sienten extraños como China, donde Marco tuvo que convivir con una cultura, modales y olores muy diferentes a los que acostumbra y que, confiesa, no le gustaron.

En Chile todo era diferente. En Chile festejaron, con su gente, una clasificación histórica a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

La cita con los cinco anillos

Erika Olivera encabeza un grupo de jóvenes, y no tan jóvenes, alegres que ingresan al imponente Estadio Maracaná. Al fondo de la delegación chilena, Marco Grimalt sonríe, levanta sus brazos y saluda. En su mano derecha sostiene un celular con el que inmortaliza el momento, aquél con el que tantas veces soñó.

No duda al admitir que es el logro más importante que han tenido en su carrera, pero puntualiza que eso es hasta ahora. “Para nosotros fue la realización de un sueño, no solo por nosotros sino como comisión técnica, familia y como deporte nacional. Ha sido la mejor experiencia deportiva que he tenido y es la motivación que tengo durante los campeonatos, los entrenamientos y en el día a día”.

Fue su primera participación y también la primera vez que asistían a unos Juegos Olímpicos. “Era todo nuevo para nosotros, todo era extraordinario. El ambiente que se forma, la gente que disfruta del deporte.

Y la familia que nos pudo acompañar por la cercanía de Brasil con Chile. Fue emocionante concretar ese sueño que teníamos desde siempre”.

Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Sabían que era un grupo fuerte, pero habían tenido victorias ante las dos mejores parejas del grupo y eso aumentó sus expectativas. Tres derrotas dejaron a los primos Grimalt en la primera fase.

“Hay muchos factores que influyen en el rendimiento, nosotros no nos fuimos conformes con lo que hicimos, pero sí al saber que esto es el piso y que nos quedan cuatro años para tomar esa revancha. El siguiente ciclo olímpico ya comenzó y Tokio es un objetivo primordial para nosotros, los esfuerzos están puestos en eso”, destaca Marco Grimalt.

En Copacabana, el mayor de los primos Grimalt, vivió una de sus experiencias más preocupantes. Mientras practicaba ante la pareja de Qatar, pisó un soporte de quitasol enterrado en la arena que le provocó un corte que saturaron con siete puntos.

“Quizás por eso me cambié de prevención de riesgos”, bromea el actual estudiante de Ingeniería en Administración de Empresas.

Marco Grimalt disputa un punto ante Matías Tobar. Fotografía de Oscar Garrido Aravena.

Un deportista en el aula

Marco Grimalt reconoce que cuando ingresó a la universidad, estaba más preocupado de lo que haría después de clases que de las propias clases. “Ahora la mentalidad con la que voy a la universidad es muy diferente a la que tenía a los 18. Eso me ha ayudado harto, a pasar los ramos sin problemas y tener otra mentalidad”.

El semestre pasado, el atleta decidió dejar Ingeniería en Prevención de Riesgos y convalidó algunos ramos para ingresar a Administración de Empresas. “Lo hice pensando en un futuro laboral, prevención de riesgos me desconectaba completamente del deporte, en cambio administración me ayuda durante mi carrera deportiva para administrar mis lucas o presentar proyectos. Además, después de mi carrera deportiva, espero seguir ligado al deporte”, admite.

Para los primos Grimalt, los semestres están muy divididos. En el primero, tienen más competencias y congelan sus carreras o toman solo un ramo. En la segunda mitad del año no tienen tantos campeonatos fuera de Chile, así que pueden llevar más carga académica y enfocarse en la universidad, aunque sin dejar de lado los entrenamientos.

“Yo estudio de noche y eso me permite tener tiempo durante el día para entrenar. La Universidad Andrés Bello es uno de nuestros principales sponsors y nos permite rendir exámenes después, nos da beca 100% y es el gran soporte que tenemos para poder compatibilizar la carrera deportiva y académica”.

Al finalizar los días, Marco Grimalt es uno más de los estudiantes que circulan en el Barrio República. Ahí, en las ventanas aprovecha de probar las fajitas que venden en el sector y que son parte de la gastronomía de muchos estudiantes. “Buenas calorías, rápidas y económicas. Voy a diferentes lugares”, destaca.

El otro Marco Grimalt

Esteban, a pesar de ser más introvertido, mira a su primo y junto al resto de sus compañeros de entrenamiento hace bromas mientras Marco responde las preguntas a un costado de la arena. Aseguran que tienen buena disposición con la prensa y que lo hacen para entregar su historia de vida, que es el deporte. De esa forma ayudan a entregar algo distinto.

Sobre el periodismo nacional, Marco cree que “no es chaquetero, pero depende. La mayoría de los periodistas deportivos que cubren deportes hablan de fútbol. El resto de los deportes no está bien desarrollado en Chile y los periodistas tampoco dan mayor cobertura, obviamente porque cuesta más. Pero eso es mentalidad, del que quiere aportar algo distinto y por otra parte es lo que vende”, comenta sin dudar.

Y si de fútbol se trata, la Universidad de Chile es su pasión. “Cada vez que puedo voy al estadio. Los fines de semana, con mi papá y unos amigos. Soy hincha desde chico”, señala mientras recuerda la campaña de los universitarios en la Copa Sudamericana del 2011. Esa que los azules ganaron y donde fueron a todos los partidos.

En el voleibol, Marco partió teniendo a su tío como referente. “Rodrigo Grimalt, él fue uno de los primeros en Chile y terminó siendo capitán de la selección adulta de vóley piso y hoy es uno de los que está fomentando este deporte en Chile”, y en el fútbol “Marcelo Salas, y no solo para los hinchas de la U, sino también para los hinchas de otros equipos. Siempre sobresalió y eso es por su talento. Es un buen ejemplo a seguir”.

El entrenamiento está terminando y Eduardo Garrido, técnico de la dupla más exitosa del voleibol playa nacional, aprovecha para ingresar a disputar algunos puntos. De fondo, el reggaeton de Ozuna acompaña la calurosa jornada.

“De la música generalmente se encarga Juan Arriagada, que es el segundo entrenador. Es malísima”, bromea. “El deporte acá es una fiesta, la playa y el sol. La música ambienta aquello también”, agrega.

Respecto a sus propios gustos, Marco declara que son bien amplios y que no tiene algo muy definido. “En Spotify pongo los 100 más escuchados en desmedro de un género en específico. A mi polola le gusta mucho variar y de repente la acompaño a ella, más que porque a mí me guste.

Muchas veces voy más por el evento que por la música en sí. Disfruto con esas cosas distintas al deporte”, responde ante la consulta de su asistencia al reciente show de los uruguayos Marama y también al de Rolling Stones a comienzos de este año.

Además de las fajitas de República, es fanático de la comida italiana y las carnes. Su viejo prepara la mejor plateada al horno de barro que conoce. Es la especialidad en su casa. “Como hago mucho deporte siempre estoy cansado y salgo poco. Prefiero los carretes de casa. Pero cuando salgo mi polola me controla”, ríe. Es ella, junto a su familia, su gran soporte.

Marco Grimalt está seguro de lo que hace. Reconoce que es feliz practicando lo que a él le gusta, es su pasión y su trabajo. No se imagina haciendo otra cosa.

Y si pudiera elegir una nueva pareja para competir, ¿con quién se imagina?

“Esteban, obvio”, no duda. Pasan seis meses del año viajando juntos y han sabido fortalecer su relación. A tal punto que, a pesar de tener temperamentos diferentes, se conocen muy bien. Saben cuándo uno necesita más apoyo o por el contrario prefiere estar solo. “Hemos ido creciendo juntos y todos nuestros objetivos van hacia el mismo lado. Tenemos los mismos sueños”, concluye.

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