Mejor prevenir que abortar

Producción fotográfica sobre aborto, realizada con la simulación de un feto de 12 semanas de gestación según la agrupación InforAborto. Fotografía de Agencia Uno.

Un golpe en la cabeza

obtenés si no pedís.

Un golpe en la cabeza

Obtenés si pedís.

Un golpe en la cabeza

Justo obtenés

Por ser como sos.

La barbarie comienza en casa (The smiths)

Estoy en Plaza de Armas. Es sábado y como de costumbre, está a reventar. Veo un hombre con un micrófono predicando la palabra del Señor. Otro haciendo un retrato en el suelo, con tiza, de María y José. Un grupo de Feministas reivindicando los derechos de las personas transexuales, justo delante del edificio donde hay la pancarta que da la bienvenida del Papa Francisco. Gente descansando en los bancos, señores mayores leyendo el periódico, niños jugando a pelota, jóvenes escuchando música. Y entre tanto bullicio, se acerca una señora, de unos cincuenta años. Me saluda y me da un panfleto. Lo cojo por inercia y sigo andando. Me lo miro y me doy cuenta que es un panfleto de propaganda “pro vida”. No le habría dado importancia si no fuera por esas imágenes. Había tres: una de unos pies pequeños, pequeñísimos, que parecían de un muñeco. Otra, de una cabeza descuartizada y la otra, la más grande, de una vagina destrozada, sangrienta, con unas pinzas y partes del cuerpo de un bebé. “Feto de 11 semanas”. Di vuelta atrás y le devolví el panfleto.

– Disculpe, no puedo quedarme con esto.

– ¿Estás a favor del aborto? 

– Sí, pero más allá de estar a favor o no, no me parece bien que se enseñen estas imágenes. La decisión de abortar ya es suficientemente dura, suficientemente difícil y suficientemente horrible como para que se muestre de esta manera tan cruda y violenta.

Me mira en silencio y cambia de tema.

– Usted nació por voluntad de Dios. Nadie está por encima de la voluntad de Dios, ni hombres ni mujeres.

Seguimos hablando, le devuelvo el panfleto y me dice, mirándome a los ojos, que Dios estaba anotando mis palabras y me enviaría al infierno. No sé si Dios me enviará al Infierno o no pero sí sé que ninguna mujer aborta por capricho. Y más si ve las imágenes que me enseñó esa mujer. Y más si sabe que actualmente hay muchos métodos anticonceptivos si no se quiere quedar embarazada. Y más si se informa de cómo abortar, que puede ser con una pastilla o bien a través de una intervención quirúrgica, que dura de diez a veinte minutos pero que queda dentro para siempre.

Según el Ministerio de Salud el año pasado se practicaron 33.000 abortos. 90 abortos al día. Una barbaridad. Hay otros estudios que llegan a afirmar que hubo hasta 60.000. Pero si solo hace dos meses que se “legalizó” el aborto, ¿cómo saberlo con exactitud? ¿Se calcularon los abortos clandestinos?

Que Chile haya legalizado el aborto, aunque solo por tres causales, es una buena noticia porque al fin dejará de pertenecer a la lista negra de los ahora 6 países —Ciudad del Vaticano, El Salvador, Malta, Nicaragua, Honduras y República Dominicana— que aún ponen obstáculos legales a las mujeres que toman esta decisión. Es una buena noticia porque gana puntos respecto a los países no-libres. Si no miren uno de los indicadores de Humans Rights Watch: el derecho al aborto. Y es una buena noticia porque brinda la oportunidad de marcar en la agenda del país un tema a veces olvidado pero primordial: la educación sexual, los métodos de protección y prevención, los riesgos de un aborto clandestino. Al fin y al cabo, es mejor prevenir que abortar.

Columna de opinión escrita por Paula Serra Bachs, estudiante de intercambio de España en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. 


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