Nuestros desafíos luego del #8M

Belén Zamorano para La Coyuntura.

Una masiva movilización se presenció en las calles de Santiago en conmemoración al Día de la Mujer Trabajadora. Más de 30 mil asistentes, protagonizaron una jornada marcada por la demanda del derecho al aborto y el repudio hacia la violencia machista que se ha expresado en los brutales femicidios ocurridos a la fecha. Un 8 de marzo que sin dudas superó expectativas, y que abrió el año político en las calles. La jornada finalizó con la cruda noticia del asesinato de dos mujeres, aumentando a 9 los femicidios durante el 2016 en nuestro país.

Miles de mujeres trabajadoras, estudiantes, dirigentas sindicales, mapuche, salieron a denunciar la indiferencia de las autoridades y el gobierno ante la falta de derechos sexuales y reproductivos, laborales, y el alto número de femicidios, tras un año de intenso debate en materia de género, con centro en la demanda del derecho al aborto, que ese mismo día, se estaba discutiendo en el parlamento.

Una impactante movilización que destacó por su fuerza y masividad, como también, la unidad en las calles. Y es que este año, se incrementó la presencia de distintas Federaciones Estudiantiles y secretarías de sexualidad y género, que se han levantado para hacer frente a la serie de abusos y miserias que suceden día a día en estos espacios.

Un ejemplo de esto, fue la gran columna de la Universidad de Chile, que reunió a más de 1000 estudiantes que se manifestaron en contra de los casos de acoso sexual que vienen sucediendo en el plantel y que ha impulsado la creación de iniciativas como la Secretaría de Sexualidad y Género de la Fech, la Comisión de Ética de la Facultad de Filosofía, entre otras. Asimismo, diversos sindicatos y sectores de trabajadores, organizaciones políticas y sociales de izquierda, también se hicieron parte de esta importante movilización.

Un día de conmemoración, no de celebración

Este año cambió el sentido común de muchos. El inicio de las redes sociales ya no tenía sólo imágenes de flores acompañados de un feliz día. Fuimos muchas y muchos quienes recordamos a las valientes obreras asesinadas por luchar por mejoras laborales y salariales, y de esta forma, retomar sus banderas de lucha.

Esta vez, una subjetividad de izquierda, de solidaridad y compañerismo. Porque no queremos ninguna mujer menos, queremos caminar tranquilas, sin miedo, sentirnos a gusto con nosotras mismas, acceder al mismo salario por la misma carga laboral que nuestros compañeros, terminar con la educación sexista, y que no se nos niegue el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos. Esta lucha es por todas aquellas mujeres trabajadoras, doblemente explotadas y oprimidas.

 A aquellos hombres que avanzaron a cuestionarse y decidieron combatir los privilegios y comodidades que les son otorgadas por este sistema, organicémonos, salgamos a la calles, y no olvidemos, que cada día hay miles de víctimas, y que luchar sólo uno, no basta.

Un 2015 sin grandes avances

Durante el año 2015 las mujeres trabajadoras, jóvenes, mapuches, inmigrantes y la diversidad sexual, continuamos viviendo en condiciones de vulnerabilidad y precariedad. Los salarios no alcanzan para vivir, mientras los empresarios se escudan en cifras económicas para justificar despidos masivos, y aumentar la carga laboral, dando paso a una serie de abusos.

Ese mismo año, 57 mujeres fueron asesinadas a manos de sus parejas. La discriminación hacia la diversidad sexual, cobró nuevas víctimas. Nos siguieron condenando a abortos clandestinos y aún no existe una ley de protección a la identidad de género que sea capaz de abogar por sus derechos.

El Gobierno de la Nueva Mayoría, prometió reformas que ofrecían avanzar como  el proyecto de aborto terapéutico, en el ámbito laboral, y también educativo. Sin embargo, no fueron más que ilusiones. La educación gratuita para todos/as, se transformó  en una gratuidad mediante becas, insuficiente. Por otro lado, las presiones desde los sectores más conservadores, desde la derecha hasta la iglesia y sectores de la Democracia Cristiana, salieron ofensivos a bloquear cualquier avance en nuestros derechos.  

La realidad para nosotras, las mujeres, se sigue vistiendo de precariedad en los espacios laborales, con bajos sueldos, constantemente acosadas por sus jefaturas, prácticas antisindicales, y una serie de miserias latentes, presentes a cada segundo también en nuestros propios espacios universitarios. Se nos impide decidir sobre nuestros propios cuerpos. Vivimos con miedo de salir a la calle y ser violada. Vivimos con el miedo de que nos maten. Porque ayer fueron dos mochileras, como tú y como yo con un montón de ideas y proyectos en sus mochilas que fueron apagados por un machista repugnante.

Una realidad tapada en la Usach

La mayoría de nuestra Universidad la componen hombres. Según el anuario del CRUCH de 2014, alrededor de 8.400 mujeres están matriculadas, lo que corresponde a un 39%.

Muchas veces escuchamos por los pasillos diversas situaciones de injusticia hacia compañeras, sobretodo en carreras como las ingenierías, donde la proporción de mujeres disminuye a menos del 10%.

Es tiempo de hacernos cargo de las injusticias y situaciones de acoso que se viven regularmente en las universidades y en particular en nuestra casa de estudios. Así como los compañeros en Valparaíso, tenemos que impulsar un estudio acabado de los casos de acoso sexual que suceden cotidianamente, pero que sin embargo, parecen suceder bajo tierra. Nuestro deber es sacarlos a la luz.

Un año de lucha y organización

Este 8 de marzo, debe ser el puntapié de organización y lucha en las calles para conquistar nuestras demandas democráticas, el aborto libre, legal, seguro y gratuito, una educación gratuita y no sexista, entre otras.

Es por esto, que se hace urgente actuar en unidad, impulsando un Encuentro Nacional de Mujeres y la Diversidad Sexual, que nos permita a cientos de personas discutir sobre nuestras necesidades, levantar campañas en común. Federaciones estudiantiles, secretarías de género, sindicatos, mujeres trabajadoras, estudiantes, formemos parte de este gran encuentro y tomemos en nuestras manos, la tarea de organizarnos y luchar para conquistar nuestros derechos.

Por ti, por mí, por todas mis compañeras, y por las que ya no están. Porque no queremos ninguna mujer menos.

Columna de opinión escrita por Belén Zamorano, estudiante de Periodismo Usach y militante de Pan y Rosas.


Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Coyuntura.

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