El usachino que pide justicia por su padre y un hospital negligente

Manuel Avendaño lleva más de 90 días en la Unidad de Paciente Crítico del Hospital Sótero del Río. Fotografía de Manuel Avendaño.

En junio de este año, el padre de un estudiante usachino ingresó al Hospital Sótero del Río para tratarse un tumor de hipófisis. Hoy está a punto de morir. Manuel, el hijo de Manuel Avendaño (55), acusa que el recinto asistencial de Puente Alto violó los derechos humanos de su papá.

La negligencia médica del hospital se ha tomado los medios de comunicación. El usachino de Ingeniería Comercial sabe que es un tema delicado, pero aun así acepta explicar con detalle la situación que afectó a su padre y que lo mantiene luchando por la vida.

Denunciar estos hechos a la luz pública y agotar todas las instancias para hacer justicia es lo que busca la familia del estudiante, quien espera volver a ver a su padre sonreír. “Estoy en esta lucha para esclarecer los hechos que ha tenido que vivir mi papá”, dice.

El comienzo

Tras hospitalizarse en el Hospital Sótero del Río luego de ser diagnosticado con un tumor de hipófisis, Manuel se interna para realizarse exámenes preoperatorios durante tres semanas. Es operado en la cabeza de manera exitosa el 8 de julio por el doctor Paulo Flores y es trasladado a la Unidad de Paciente Crítico (UPC) por cuatro días, donde inició su proceso de recuperación. Según las fichas médicas, era una persona consciente, cooperadora, orientada en tiempo y espacio, se alimentaba por la boca y al cuarto día lo hicieron caminar. Cuando vieron que sus avances eran favorables, se evaluó trasladarlo hasta el sector de neurología y neurocirugía donde continuó por varios días. 

Pero los problemas comenzaron cuando Manuel se sonó la nariz y expulsó un líquido negro acompañado con vómitos. A ello se suman dolores intensos de cabeza que al tiempo después aumentaron y que lo mantuvieron inmovilizado en la camilla. Incluso, inició una seguidilla de espasmos que obligaron a realizarle distintos escáner para determinar su estado de salud.

Los exámenes no fueron suficientes para controlar los espasmos que parecían convulsiones, bloqueando por completo a Manuel quien comenzó a perder el sentido del tiempo-espacio, según explica el hijo. Durante la noche del día 18 de julio, Manuel, se cayó tres veces en el servicio de neurología y neurocirugía, siendo socorrido por una auxiliar del aseo, y en otra ocasión por un paciente que se encontraba en la cama de al lado.

Tras ser sometido a una evaluación en la mañana siguiente, los médicos encontraron que sus niveles de sodio estaban bajos y que el cambio en los corticoides que le suministraban probablemente generó el problema. Sin embargo, Manuel cuestiona la efectividad del tratamiento que hasta ese entonces estaba recibiendo su padre, ya que solo comenzó a empeorar.

El Hospital Sótero del Rípo es el recinto asistencial público que atiende la mayor cantidad de pacientes en el país. Fotografía de ArquiBus.
El Hospital Sótero del Río es el recinto asistencial público que atiende la mayor cantidad de pacientes en el país. Fotografía de ArquiBus.

Un severo shock séptico obligó a los médicos a trasladarlo a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), lugar donde se mantuvo en estado crítico. El diagnóstico: un cerebro infartado. Incluso, los doctores anticipándose a los hechos dieron casi por muerto a Manuel.

Una de las negligencias que acusa el usachino es la ineficacia en la toma de decisiones de los médicos reflejada en una serie de diagnósticos erróneos entregados, sobre todo cuando desconectaron a su padre y le suspendieron el tratamiento de antibióticos para la septicemia. Según el doctor Miguel Ángel Díaz, todo su cerebro estaba infartado y su condición era incompatible con la vida, por lo que iba a morir.

Al día siguiente y luego de pasar una noche completa sin ningún tipo de asistencia médica, Manuel abrió sus ojos y al ver esto, tuvieron que reevaluar su condición, conectándolo a todo porque “ahora, de manera inexplicable no tenía todo su cerebro infartado”.

Un infarto frontal y lateral mantuvo a Manuel en un estado de sopor muy profundo, pero que con la ayuda de antibióticos la septicemia fue superada y cuestionada. Incluso, comenzó a mover las manos y a comunicarse a través de pequeños gestos muy significativos. La neurorehabilitación era urgente para tratar al paciente.

Sin embargo, el 9 de agosto la entrega de un informe del doctor Patricio Requelme cambió totalmente el horizonte que a esas alturas mantenía con esperanzas a la familia. El diagnóstico de su cerebro infartado y en estado vegetativo hizo que los médicos determinaran concluir con el tratamiento sin que la familia pudiera decidir. Obligados a firmar un documento donde se acreditaba lo anterior, la familia se negó a hacerlo al mismo tiempo que el doctor Flores desmintió el diagnóstico y la decisión informada por Requelme.

Esta irregularidad motivó a la familia a presentar un reclamo en la oficina OIRS, y como respuesta el director del hospital, Claudio Farah, indica que realizarán un sumario interno para detectar eventuales fallas junto con pedir disculpas a la familia.

Justo en el momento en que Manuel estaba presentando mejorías en su salud, desde el hospital le informan que están gestionando una cama en el Hospital San José de Maipo, argumentando que tienen las competencias técnicas y humanas requeridas. “El hospital quería sacarlo lo antes posible de ahí, quería desligarse lo más rápido posible de él”, apunta el usachino.

Ante la oposición del estudiante, presentaron un recurso de protección en la Corte de Apelaciones de San Miguel para evitar el traslado. El organismo falló a favor de la petición de la familia al señalar que era una práctica ilegal y arbitraria, junto con indicar que se violaron los derechos del artículo 19 del capítulo número 1 y 2 de la Constitución Política de Chile, referido a la integridad física y psíquica del paciente, así como también la Convención Americana de Derechos Humanos en su artículo 5 número 1, donde sostiene que también tiene derecho a que se respete su integridad moral y que no debe ser objeto de diferencias arbitrarias, dispuestas por ley o autoridad alguna.

Además, el estudiante agrega que como familia solicitaron las fichas médicas de agosto para obtener un respaldo, sin embargo, asegura que desde el 20 de julio hasta el 15 de agosto no existen documentos ni exámenes. “Pensamos tomar acciones por esta situación, es algo inexplicable. Las que faltan coinciden con la fecha en que desahuciaron a mi padre y lo desconectaron de todo”. 

Apoyo

Tras conocerse este caso, la familia de Manuel Avendaño se contactó con el Instituto Nacional de Derechos Humanos y enviaron un oficio a la ministra de Salud, Carmen Castillo, para solicitar apoyo ante el caso de violación de su integridad física.

Además, acudieron donde el diputado Giorgio Jackson para obtener un respaldo ante el caso, junto con recibir el apoyo de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile, el departamento de comunicaciones, académicos, profesores y la comunidad estudiantil.

Actualidad

Si bien comenzó a presentar mejorías en las últimas semanas, el doctor Patricio Requelme le suministró el 12 de octubre una ampolla de potasio por la boca, lo que provocó vómitos explosivos en el padre de Manuel, quedando totalmente desorbitado. Por tal razón, y a petición de la familia le realizaron exámenes y diagnosticaron que el paciente sufría de epilepsia, y que está siendo tratada con pronóstico reservado.

El 23 de octubre, Manuel sufrió dos paros cardiorespiratorios que lo dejaron en una grave situación de salud, por lo que tuvo que ser trasladado del área intermedia al sector intensivo. El 24 de octubre, se realizó una mediación ante el Consejo de Defensa del Estado, sin embargo el hospital no se presentó a esta instancia, por lo que se llamó a una segunda mediación para noviembre.

Adicionalmente, la familia ha solicitado de manera formal en dos oportunidades reunirse con el director del Hospital Sotero del Río, doctor Claudio Farah Meza, pero ha sido infructuoso.

Dado el panorama anterior, Manuel hijo acudió junto con miembros de la comunidad universitaria al Palacio de La Moneda para entregar una carta a la Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria, para que la Mandataria interceda de manera directa en esta grave situación.

“Lo único que pedimos es que mi padre reciba el mejor tratamiento, en el mejor lugar, y con los mejores especialistas, siendo lo mínimo que se podría realizar para compensar en algo todo el daño irreparable en su persona, y el daño imborrable de nuestras vidas que llevaremos hasta la muerte. A mi padre lo han destruido, y si no lo sacamos luego de ahí lo van a terminar matando. Le pido a la Presidenta, a la ministra de Salud, al Seremi de Salud, a que se haga algo al respecto, porque si no mi padre se va a morir de la manera más indigna posible. Estamos en democracia y él ha tenido que vivir una verdadera tortura durante más de 90 días”.

“Los derechos constitucionales son respetados en la medida de tu bolsillo y eso es algo trágico. Tuvimos que presentar un recurso de protección para que no violentaran sus derechos humanos y la resolución es un precedente para todas las personas pobres como nosotros y vulnerables que quizás no tienen el conocimiento ni los medios para acceder a este tipo de instancias. Para que sepan que no deben dejar que los hospitales hagan lo que quieran con sus familiares, para que sepan que deben proteger los derechos humanos de sus familiares con uñas y dientes”.

El miércoles 26 de octubre, Manuel cumplió 97 días en la Unidad de Paciente Crítico del Hospital Sótero del Río. La recuperación del status epiléptico y una futura neurorehabilitación son la solución para que Manuel siga viviendo y a futuro pueda tener una digna calidad de vida.

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