Violeta ausente

Museo Violeta Parra.

Centenario Violeta Parra, la que no tomaba la guitarra para conseguir un aplauso, sino para cantar la diferencia que hay de lo cierto a lo falso. Y a la chillaneja si tenía que decir algo.

Violeta ausente, pasaré este año con un solo deseo en el pensamiento, que te enteres en Riñihue, que están sonando por ti los instrumentos. Pero tengo en mi pecho una espina que me clava sin cesar, que mucho no ha cambiado la cosa y tus letras siguen fiel reflejo de la verdad.

Perfecto distingo lo negro del blanco: Arauco tiene una pena y nadie le ha puesto remedio pudiéndolo remediar. Hace poco celebramos otro dieciocho más galante y la bandera sigue siendo un calmante. Cueca amarga nacional. Los piñúflicos lavan sus mánicos como piláticos. Mucho dinero en parques municipales y la miseria es grande en los hospitales. Violeta, al medio de la Alameda de las Delicias, Chile aún limita al centro de la injusticia.

Pero como cambia el calendario, cambia todo en este mundo y creciendo irán poco a poco los alegres pensamientos, porque el humano está formado de un espíritu y un cuerpo, de un corazón que palpita al son de los sentimientos, y teniendo paciencia todo se alcanza.

De los estudiantes, jardín de las alegrías, aún quedan aves que no se asustan de animal ni policía. Los pobres están levantando sus gritos y no sólo por gritar, se están dando cuenta lo que se esconde dentro del confesorio y ya no quieren más.

Pero tampoco mucho más es lo que hay.

Violeta, desde el cinco de febrero del sesenta y siete nada ha cambiado lo suficiente. Eso es lo que siento yo, en este instante fecundo. 

Columna de opinión escrita por Paulina Castro, estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. 


Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Coyuntura.

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